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-Muy buen trabajo chicos, ya podéis sentaros. -Indicó el profesor Cameron- Bueno Ana, no hace falta que te quedes, ve directa a la enfermería.
-Vale, gracias. - Me despedí y fui hacia la enfermería a pasar las horas más aburridas de mi vida.
Cuando ya estaba a punto de llegar una voz me sacó de mis pensamientos.
-¿Otra vez sola? Normal, con lo que haces no me extraña.
No pude evitar girarme molesta por lo que había dicho.
-¿Se puede saber que te he hecho a ti para que me hables de esa manera? -Era Lara.
Ella rió en modo de burla.
-¿A mí? ¿Que qué me has hecho a mi? Yo creo que la pregunta está mal formulada. Querrás decir: ¿Qué le hiciste a todos los de tú alrededor?
Me quedé quieta, ¿A qué venía todo esto?
-Mira Lara, si tienes algún problema dímelo, lo que no puedes hacer es soltarme todo esto y después no decirme nada.
-¡Le hiciste daño a lo que más quería!- Gritó con lágrimas con los ojos, y después de eso, salió corriendo en dirección contraria. Puse una mano en la pared para poder sostenerme. Oí una voz a lo lejos.
-¡Lara! ¿Qué pasa?- Gritó.
-¡Déjame sola!-Le contestó ella.
Después escuché unos pasos cada vez más rápidos en mi dirección. Lo siguiente que sentí, fueron unas manos en mis hombros, sosteniéndome.
-Ey,-Dijo con dulzura, mientras me acariciaba la mejilla.-¿Qué ha pasado?
Levanté la mirada, pero veía borroso por las lágrimas acumuladas en mis ojos por culpa de la frustración de no entender nada. Daniel limpió las lágrimas con sus pulgares, y a mi mente llegó una sensación de que eso ya había pasado antes.
-No entiendo nada, Daniel, Lara tiene razón, la gente cada vez se separa más de mí, y no entiendo el por qué. ¿Qué he hecho Daniel? ¿Qué he...-No pude terminar la frase, Daniel me atrajo hacia él y me abrazó, era una abrazo cariñoso, de comprensión. No pude evitar llorar otra vez.
-Tranquila, Ana, esto terminará pronto, ya lo verás. -Me dijo, mientras me tenía abrazada. Luego me separó un poco y me beso en la frente.
-Ya lo verás...
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