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sábado, 2 de mayo de 2015

CAPÍTULO 53

Creó que en esos momentos dejé de respirar.

-¿Cómo? ¿Voy a morir?-Dije con tono asustado. La verdad es que el tono de mi voz parecía el mismo que haría una niña asustada por haberse perdido.

-Tranquila, solo pasaría eso si siguieses ayudándolo. 

Vale, es cierto que después de oír eso me tranquilicé un poco. Con tan solo no hablar con Steve, nada de eso pasaría. Parece una tarea fácil.

-Hay una cosa que aún no me has dicho.

-Sorpréndeme.-Contestó con una sonrisa, mientras alzaba los bazos.

-¿Por qué te adjudicaron esas hojas? Quiero decir, ¿Qué hiciste para que te castigaran de esa manera?

Por el rostro de su cara, supuse que se esperaba otro tipo de pregunta. Estuvo unos segundos que parecieron horas, sin contestar.

-Esto es mejor dejarlo para otro día, Ana.

-No entiendo por qué nunca terminas una conversación conmigo.

-Sabes que eso no es verdad.

-¡¿Qué?! Siempre que te hago cierto tipo de preguntas las evades. 

Él se quedó en silencio, y eso valió más que mil palabras.

-En estas últimas horas te he estado contestando a muchas de tus incógnitas. Y ya hay mucho por hoy.

-No me parece justo que siempre contestes lo mismo. ¿Qué problema tienes en decirme el por qué te castigaron? ¿Por qué algunas preguntas las contestas como si nada, y otras te cuestan tanto? 

-Ana...-Empezó a decir, pero la puerta de la enfermería se abrió.

¿Cómo te encuentras Ana?-Dijo la voz dulce de Daniel.




jueves, 30 de abril de 2015

CAPÍTULO 52

Sin apenas darme cuenta, ya estaba ruborizada por las palabras de Jack.
No sabía muy bien si decir lo que estaba pensando mi revoltosa mente, pero aparté mi inseguridad y dejé que las palabras saliesen de mi boca.

-¿Por qué era yo tú objetivo?-Sí, soy adicta a estropear escenas bonitas.

Jack puso una cara indescifrable.

-Bueno, mi objetivo no eres tú, a ver, no me malinterpretes.-Dijo moviendo los brazos efusivamente.- Eres tú, claro que eres tú mi objetivo,  quiero recuperarte, pero quiero recuperarte de la manera en la que dejé de verte. Quisiera volver atrás en el tiempo y volver a estar contigo de aquella forma, de que...- Hizo una pausa, pero pareció no querer continuar, como si el pasado hubiese llegado a su mente y la hubiese martilleado con fuerza. Me acerqué a él y le acaricié el brazo.

-Volver atrás, ¿Para qué? -Pregunté intrigada.

Él soltó aire por la nariz y cerró los ojos con... ¿Rabia?

-¿Para qué Jack? ¿Para qué?

-¡Para que recordaras! -Gritó de tal manera que me asusté un poco y dejé caer el brazo con el que lo acariciaba.

-Para recordar...

-Sí, para que recuerdes como empezó todo.

-¿Todo lo que ahora se ha convertido en conflictos? No, gracias. Prefiero vivir con mi ignorancia.

-No son solo conflictos lo que pasó. No sabes el remordimiento que me carcome por dentro solo el saber que no recuerdas nada, lo que viene siendo nada. 

Lo miré y en cierta forma lo comprendía, y también cierta curiosidad por saber todo mi pasado. Pero lo vi tan destrozado que volví al tema principal.

-¿Qué tienen que ver las hojas con el objetivo de que yo recupere la memoria?

Me miró y creo que comprendió las ansias que tenía por saber la respuesta.

-Ahora ya sabes que cada vez que defiendas al enemigo, caerá una hoja, bueno, pues si coges esas hojas, cada vez tú memoria irá empeorando, hasta tal punto que, cuando se caiga la última hoja de ese árbol, no solo no podrás volver a obtener tú memoria, sino que morirás.




jueves, 23 de abril de 2015

CAPÍTULO 51


<<¡¡¡FELIZ DÍA DEL LIBROOOOOO!!!>>

Estaba sentada en la cama, intentando controlar la respiración que aún estaba acelerada a causa de la pesadilla que había tenido hacía apenas tres minutos.
Jack había salido de la habitación para traerme un vaso de agua del comedor y ya estaba entrando por la puerta de la enfermería.

-Toma, te sentará bien.-Me dijo mientras me entregaba el vaso de agua. Lo cogí y me lo llevé a la boca.

-Gracias.-Le dije en un susurro. Él no contestó.

-Estabas teniendo una pesadilla, por lo que he visto. Hacía tiempo que no tenías ninguna, ¿No?

-Hubo una temporada que no tenía ninguna, pero desde hace unos días hasta ahora las he tenido noche sí y noche también.

Sin contestar, cerró los ojos y bajó la mirada.

-¿Qué pasa?-Quise saber. Pero entonces, me vino unas palabras a la mente.-Jack, tenemos una conversación pendiente. 

-Cierto, pero hoy no estás...

-Hoy si que no vas a salir de aquí hasta que no me digas lo que está pasando.

Él soltó todo el aire que tenía y se sentó a mi lado.

-¿Qué quieres saber?

Sonreí al saber que no iba a evadir el tema de nuevo.

-Quiero saberlo todo, pero tengo varias preguntas formuladas en mi mente, así que... empiezo. ¿Por que he de creerte cuando dijiste que las hojas de debajo de tú cama, no eran las mías?

-Sencillo, porque a mi no me gusta estar muriéndome así por que sí. 

-¿Cómo? No lo entiendo. -Fruncí el ceño, sin saber a que se refería.

-Estas hojas las he tenido conmigo desde que me expulsaron del cielo.-Metió la mano en el bolsillo de su pantalón, y sacó las hojas.

-¿Y para qué las has tenido todo este tiempo?

-Ya te lo he dicho, no me gustaría morir sin antes recuperar algo muy valioso.

-No quiero saber eso. Quiero saber el significado de las hojas.

Él cerró los ojos. Creo que eso no quería decirlo, pero necesitaba saberlo, todo este misterio me estaba matando.

-Cuando me expulsaron del cielo, me quitaron algo muy valioso para mí, y como castigo me dijeron que cuanto más cerca estuviese del objetivo, si no llevaba conmigo las hojas, moriría. 

-Te vi con mal aspecto, ¿Pero tan mal como para morir?

-Dijeron que tenía un tope de treinta minutos, si no las conseguía en ese periodo de tiempo, perdería la vida. Tú solo me vista durante los diez primeros minutos.

-Vale, eso lo entiendo. Pero, ¿Qué me dices del por qué caen hojas de la estatua del árbol que hay en la entrada del internado?

-Eso...-Puso cara de estar molesto.

-Jack, dímelo.

-Siempre que defiendas al enemigo, caerán del árbol, como ya caíste por ti misma del cielo.

-¿Él enemigo? ¿Quién es...

Jack me miró alzando las cejas como diciendo: Es obvio, ¿Cómo puedes dudar?

-Steve... ¿Siempre que he defendido a Steve he tenido las hojas en mis manos?... -Entonces recordé uno de los momentos.-Como cuando me pidió de ir conmigo al baile de primavera. Me dijisteis que no era bueno estar cerca de él, y yo en cambio para que no nos castigaran a Emma y a mí, me ofrecí a ir con él y por la noche vi una hoja caer al suelo... Ahora lo entiendo todo.

-Bueno, pues eso es todo...

-No, ¿Qué me dices del objetivo?

-¿Qué objetivo?

-Ese por el cual no quieres morir sin antes recuperar.

Él se quedó mirándome fijamente y me acarició la mejilla.

-En estos momentos lo tengo frente a mí.




sábado, 18 de abril de 2015

CAPÍTULO 50

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Después de hablar un poco con Daniel, él me acompañó hasta la enfermería.

-Ya llegaste a tu destino.-Dijo sonriente.

-No me gusta este tipo de destino. -Me miró divertido y empezamos a reírnos.

-La verdad, es que no es agradable. Pero piensa que dentro de siete horas estarás en tú habitación.

-Qué fácil que parece cuando lo dices, pero no vas a ser tú el qué esté en esta enfermería durante la mayor parte del día.

-No vas a estar aburrida, al menos puedes ver la televisión. En terminar las clases vengo y te hago compañía.

-Perfecto.-Dije sonriendo.

Y después de eso se despidió y se fue por la puerta.
Parecía que no pasaban los minutos, se me estaba haciendo eterno. Solo había pasado una hora desde que se había despedido Daniel y ya estaba aburrida. La doctora Parker no daba señales de vida, y para variar la televisión pequeña que había en una esquina de la habitación, no funcionaba.
No sabía qué hacer, así que pensé que si me dormía, el tiempo se pasaría más rápido.

No tardé en caer en un sueño profundo.

Otra vez me encontraba en los pasillos del internado, pero esta vez era diferente, estaba todo lleno de espejos a mi alrededor. 
Empecé a andar, tanteando con las manos para no chocarme, pero no funcionó, ya que me di en toda la frente contra uno de ellos. Me quedé quieta cuando escuché a gente acercarse.

-¿No te das cuenta de que te está mintiendo?-Dijo una voz de chica, que me resultaba familiar.

-No digas estupideces. Ella nunca podría hacer semejante cosa.-Contestó una voz de chico que si conocí al instante. Era la voz de Daniel.

-Claro, ella no, pero ya sabes quien la está influyendo. Y quieras o no, ella te está utilizando.

-¿Qué objetivo tiene para querer sacarme información, Lara?

Al oír ese nombre salir por la boca de Daniel, ahogué un grito. ¿Ella? Esa chica tenía algo contra mí. Y lo iba a descubrir, pero debería ser en otra ocasión, ya que mi grito se escuchó. 

-¿Has oído eso? -Dijo Lara.

Supuse que él asintió porque no contesto y empecé a escuchar unos pasos acercándose hacia mi.

Me asusté y no pude evitar correr, pero estaba atrapada entre esos espejos. Los pasos se volvieron cada vez más rápidos. No se que pasó por mi mente, pero de tanta frustración grité. De un momento a otro me encontraba en el techo.
Empecé a mover la cabeza mirando a mi alrededor.
Estaba volando, gracias a mis alas había logrado despistarlos.

-¿Qué ha sido ese grito?

-¡Daniel, mira! ¡Ahí arriba hay algo!-Le gritó Lara, mientras señalaba en mi dirección.

Abrí los ojos y me reincorporé en la cama de la enfermería.

-¡Ana! ¿Te encuentras bien? Estás sudando.

Esa voz me despertó más de lo que ya estaba después de ese sueño, bueno o mejor dicho ¿Pesadilla?

No lo veía desde hacía días. Necesitaba escuchar su voz de nuevo. Y me sentí protegida al instante.

-Jack...


jueves, 16 de abril de 2015

CAPÍTULO 49

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-Muy buen trabajo chicos, ya podéis sentaros. -Indicó el profesor Cameron- Bueno Ana, no hace falta que te quedes, ve directa a la enfermería.

-Vale, gracias. - Me despedí y fui hacia la enfermería a pasar las horas más aburridas de mi vida. 
Cuando ya estaba a punto de llegar una voz me sacó de mis pensamientos.

-¿Otra vez sola? Normal, con lo que haces no me extraña.

No pude evitar girarme molesta por lo que había dicho. 

-¿Se puede saber que te he hecho a ti para que me hables de esa manera? -Era Lara.

Ella rió en modo de burla.

-¿A mí? ¿Que qué me has hecho a mi? Yo creo que la pregunta está mal formulada. Querrás decir: ¿Qué le hiciste a todos los de tú alrededor?

Me quedé quieta, ¿A qué venía todo esto?

-Mira Lara, si tienes algún problema dímelo, lo que no puedes hacer es soltarme todo esto y después no decirme nada.

-¡Le hiciste daño a lo que más quería!- Gritó con lágrimas con los ojos, y después de eso, salió corriendo en dirección contraria. Puse una mano en la pared para poder sostenerme. Oí una voz a lo lejos.

-¡Lara! ¿Qué pasa?- Gritó.

-¡Déjame sola!-Le contestó ella.

Después escuché unos pasos cada vez más rápidos en mi dirección. Lo siguiente que sentí, fueron unas manos en mis hombros, sosteniéndome.

-Ey,-Dijo con dulzura, mientras me acariciaba la mejilla.-¿Qué ha pasado?

Levanté la mirada, pero veía borroso por las lágrimas acumuladas en mis ojos por culpa de la frustración de no entender nada. Daniel limpió las lágrimas con sus pulgares, y a mi mente llegó una sensación de que eso ya había pasado antes. 

-No entiendo nada, Daniel, Lara tiene razón, la gente cada vez se separa más de mí, y no entiendo el por qué. ¿Qué he hecho Daniel? ¿Qué he...-No pude terminar la frase, Daniel me atrajo hacia él y me abrazó, era una abrazo cariñoso, de comprensión. No pude evitar llorar otra vez. 

-Tranquila, Ana, esto terminará pronto, ya lo verás. -Me dijo, mientras me tenía abrazada. Luego me separó un poco y me beso en la frente.

-Ya lo verás...



viernes, 10 de abril de 2015

CAPÍTULO 48

-¿Puedo ir a clase?-Le pregunté a la Dra. Parker, que ahora estaba curando el brazo de un chico el cual se había caído haciendo educación física.

-Ya te he dicho que no cuatro veces Ana, necesitas descansar, es mejor que no hagas nada durante toda la mañana y así asegurarnos que no te vuelvas a marear.

-Pero, tengo que exponer un trabajo con un compañero.-Y era cierto, aún teníamos que exponer el trabajo que me tocó hacer con Steve debido a mi retraso al llegar a clase.

-Bueno si eso es cierto, ve solo a la hora de la exposición y luego vuelve, pasarás todo el día aquí.

Rodé los ojos. No era para tanto mi mareo. Que me hiciese quedar en esta enfermería de cuatro paredes, o sea se diminuta, durante todo el día, era sobreprotección, demasiada sobreprotección.

-Vale, pues en diez minutos tengo que estar en clase. Si no te importa, me voy ya y aviso a Steve, que seguro que me estará maldiciendo por no avisarle de que estaba en la enfermería.

-Claro, claro, ve. Pero en cuanto termines te quiero directa aquí.

-Que si, Dra. Parker.-Le dije mientras salía por la puerta.

Fui a la clase de Química que seguramente ahora estaba ocupada por otra clase que no era la mía, pero me equivocaba, me acerqué a la pequeña ventana que hay en la puerta y vi que estaba vacía excepto por el profesor Cameron. Toqué a la puerta y entré.

-¡Oh! Señorita Brown, que sorpresa verla tan pronto por aquí, ¿A qué se debe vuestra puntualidad?-Como siempre, la amabilidad de este hombre cada vez me sorprendía más. 

-He estado en enfermería las primeras horas.

-¿Qué le ha pasado?

-Oh, nada, solo un pequeño mareo.-Dije despreocupada.

-¿Y qué hace usted aquí entonces?

-He venido a hacer la exposición del trabajo que nos puso el otro día Sr. Cameron.

-¡Cierto! Se me había olvidado. Traeré el proyector. Espérese aquí Brown, sus compañeros vendrán enseguida. 

Tras irse el profesor por la puerta en busca del proyector, me senté en mi sitio. Me sentía rara quedarme sola en una clase. A los tres minutos sonó el timbre del cambio de clase, y unos segundos después la clase empezó a llenarse poco a poco.

-¿Ana? -Preguntó una voz, sacándome de mis pensamientos.

-Oh, hola Emma.

-¿Cómo es posible que Ana Brown esté ya en clase? Yo pensaba que aún estabas durmiendo.-Dijo mientras reía.

-Pues no, Emma. He estado en enfermería por un mareo. -Sí, he sido brusca, pero ¿Por qué siempre tiene que ser ella la que tiene que enterarse de todo, mientras que ella no me cuenta nada de donde está?

-¡¿Qué?! Pero ¿Cómo que un mareo? Deberías estar con la Dra. Parker, Ana.

-Le he pedido permiso a la doctora para poder hacer la exposición con Steve y no dejarlo solo.

-Es verdad, la exposición, se me había olvidado.

-Ah por cierto, ¿Qué es de ti estos últimos días? Ya no te veo ni para desayunar.

Emma se puso blanca.

-Bueno... es que... 

-Queridos alumnos, gracias a...-Que no lo diga, que no lo diga por favor.-...la señorita Brown, me he acordado de que aún teníais que hacer la exposición-Lo iba a matar, enserio que lo iba a matar un día de estos. Toda la clase se giró y me miró acusatoriamente por haberle recordado al profesor que hoy eran las exposiciones.- Así que, vamos a empezar por Chase y Myra.

Estaba tan ocupada en mis pensamientos malignos en planear un ataque hacia el profesor, que no me di cuenta de que mi compañero había ocupado su sitio.

-¿Cómo te encuentras Ana? Ya me han dicho que te has mareado.

-Solo he venido para no dejarte solo a cargo de todo el trabajo, Steve.

-Gracias, pero no era necesario si no te encontrabas bien.

-Y ahora, el trabajo de Ana Brown y Steve Harrison. -Anunció el profesor Cameron.

Steve y yo nos miramos y nos levantamos.






jueves, 9 de abril de 2015

CAPÍTULO 47

Tras esa incómoda sensación de que alguien me estaba observando, no pude evitar girarme, pero me quedé aún más asombrada cuando no vi a nadie detrás de mí. Pero, no es que no había nadie detrás de mí, sino que tampoco había nadie a mí alrededor. Una neblina se instaló en toda la habitación. Esto era muy raro.
Volví a oír la melodía de la otra vez. No sabía qué hacer, ¿Quedarme quieta hasta que todo esto terminara o seguir andando en busca de algo? Me decanté por la segunda opción, y salí con un poco de torpeza por la puerta del comedor. Cuando ya estuve en el pasillo oí que alguien hablaba. 

-No puedes hacer eso, te arriesgarías a que te expulsaran.

-Lo se, pero valdrá la pena eso, antes que no volver a verte.

-Si te expulsan, no sabremos que castigo te pondrán.

-Si no arriesgas, no ganas. Y si no lo comprobamos, nunca sabríamos que hubiese pasado.

-Eso es verdad, pero no me gusta mucho esa idea...

-Tranquilo, ¿Vale? Todo saldrá bien.

-Eso espero, pero a él le harás mucho daño.

-No me lo recuerdes, creo que eso será lo único que no olvidaré jamás.

Después de esas palabras, me reincorporé, estaba en una cama. Alguien me cogió del brazo y con dulzura me volvió a tumbar en la cama. Lo miré desconcertada. ¿Qué hacía él aquí?

-Túmbate, no es bueno que te muevas bruscamente. -Dijo Daniel.

-¿Qué haces aquí?, Bueno... ¿Qué hago yo aquí?

-Verás, cuando estábamos saliendo del comedor te desmayaste. Intenté cogerte, pero se ve que tenías ansias de llegar al suelo.-Se rió, y no pude evitar reír.- Todos los demás de fueron a clase, así que te traje a la enfermería.

-Gracias.-Le susurré. Él sonrió como respuesta.

-¿Te mareas con frecuencia?

-La verdad, es que últimamente veo muy de cerca el suelo.-Los dos soltamos unas carcajadas.

-Pero, no se... ¿Tomas algún medicamento que te cause mareos?- Me preguntó, no muy convencido de que fueran los medicamentos, los que me hacía esto.

-No, no son medicamentos, es solo que tengo... emm... una lucha interior.

Él frunció el ceño, sin entender lo que le quería decir.

-¿Una lucha interior? ¿Qué quieres decir?

Daniel, a pesar de que lo hubiese conocido hace como mínimo una hora, me trasmitía tranquilidad y seguridad, pero al mismo tiempo algo me decía que no era buena idea contarle nada de mis sueños. 

-Oh, nada. Cosas mías, nada de qué preocuparse.

Al decir eso, la doctora Parker entró por la puerta de la enfermería.

-¿Cómo te encuentras, Ana?- Me preguntó ella.

-Mejor, mucho mejor.

-Bueno, señor Lewis, puede irse, ya ha perdido dos horas de clase.

¿Había estado dos horas inconsciente? bueno... ¿Daniel había perdido dos horas, por hacerme compañía?

-Ah... Si claro, ahora voy. -Se levantó de la silla que había junto a la cama donde yo estaba tumbada, y cogió del suelo la mochila para colgársela en el hombro derecho.- Bueno Ana, mejórate, ya nos vemos luego.

Siguió su camino y antes de salir de la enfermería le dije.

-Gracias, Daniel. -Lo dije en un susurro, pero él lo llegó a escuchar. Se giró, y me mostró una perfecta sonrisa.

-No tienes el por qué agradecerme nada. Ahora ya sabes que estaré ahí para lo que necesites.

Y después de eso abrió la puerta y se marchó.











 






domingo, 5 de abril de 2015

¡AVISO!

Siento no haber publicado durante toda la semana, pero como ya sabéis son vacaciones. 
Solo quería comunicaros que, de ahora hasta junio, solo subiré entre 1 ó 2 capítulos a la semana, ya que son los exámenes finales.

Muchísimas gracias por vuestro apoyo. 

martes, 31 de marzo de 2015

CAPÍTULO 46

Tan solo llegar a mi cama me dejé caer en ella. Emma no estaba, ¿Donde se había metido? La había perdido de vista cuando me dejó con Jack. Llevaba unos días distantes, pero es normal, Ash ha hecho que ella siempre esté contenta y no tan loca e impulsiva como antes.

Durante la hora siguiente estuve tumbada sin poder dormir, pensando en las dichosas hojas, al final antes de irme de la habitación de Jack las dejé encima de su escritorio sin que se diese cuenta. Él estaba encaprichado en que esas hojas eran suyas desde hace mucho tiempo, pero, ¿No es mucha casualidad, que justo unos días después de que desaparezcan de mi habitación, amanezcan debajo de su cama? Algo raro estaba pasando en este internado y lo iba a averiguar.

Después de esa hora, me duché y me puse el uniforme antes de ir a desayunar. Buscaba entre la multitud a Emma para desayunar con ella, pero no la encontraba por ninguna parte. Para no sentarme sola, me encaminé a una mesa donde estaban unos compañeros con los que iba a clase. No es que tuviese una muy buena relación con ellos, pero al menos no desayunaría sola.

-Hola, ¿Os importa que me siente con vosotros?-Pregunté un poco incómoda. Todos los que estaban es la mesa se giraron a verme y sonrieron.

-Pues claro. -Dijo Luna. Era una chica muy simpática y por las notas que sacaba, muy inteligente.

-Gracias. -Le contesté con una sonrisa de agradecimiento y me senté a su lado.

-¿Y eso que te sientas hoy con nosotros? -Dijo una chica morena, que no recordaba su nombre.

-¡Lara! -Le gritó Luna. -No te lo tomes a mal, Lara es así con todo el mundo.

-Solo soy así con la gente que desobedece las normas. -Sin decir nada más se levantó de la mesa y se fue. Me quedé callada, no sabía por qué me decía eso. ¿En qué momento había desobedecido a alguien? 

Se formó un incómodo silencio, nadie me miraba menos el chico que tenía enfrente, no iba a mi clase, por lo tanto no sabía su nombre, pero su mirada me estaba incomodando demasiado. 
Levanté la mirada y sus ojos azules intensos no se apartaron.

-¿Algún problema... -Hablé alargando la palabra para que entendiera que no sabía su nombre, y él lo captó.

-Daniel, me llamo Daniel Lewis Reeve. -Sus ojos se entrecerraron  y su cabeza de ladeó haciendo que su cabello negro como el azabache le cubriera un ojo. Su gesto me dijo que esperaba una respuesta por mi parte. Mi mente se distrajo un poco a causa de su belleza, que chico más guapo. Pero entonces mi mente empezó a atar cabos.

-¡Oh! ¿Así que eres el hijo de la directora? 

Él hizo un gesto de dolor.

-Perdona si te ha molestado la pregunta, pero como me has dicho el nombre completo he pensado que era para que preguntara. O ya, ya se, ¿Era para presumir que tienes como madre a una directora?-Dije quitando un poco de tensión, que parece funcionar cuando Daniel muestra una media sonrisa. 

-Claro... Claro era eso. -Dice como si no estuviese lo suficientemente seguro de sus palabras.

-Bueno, chicos, vamos que ya es hora de ir a clases.

Me levanté de la silla para ir a mi primera clase del día, pero no sin sentir antes, una mirada intensa clavada en mi nuca.



jueves, 26 de marzo de 2015

CAPÍTULO 45

Estaba abrazada a él, mientras me acariciaba la espalda.
No sé cuánto tiempo nos quedamos en esa posición, pero aunque hubiesen sido cinco horas, para mí, habrían pasado como segundos. 
Mi hermana, bueno, Lizz, de pequeña me decía: "Los buenos momentos pasan rápido, pero en cambio, los malos, duran una eternidad. Ya lo entenderás cuando seas mayor."
Que razón tenía.

Me reincorporé, quedándome sentada en el borde de la cama. Todo estaba perfectamente hasta qué Cindy habló.

-Ana, ¿Sabes algo sobre unas piedras?- ¡¿Qué?! No sabía que contestar a eso. ¿Por que me pedía Cindy las hojas?

-Cindy, ya se lo digo yo. -Dijo Jack levantándose y andando por la habitación hasta llegar donde estaba yo.

-¿Qué haces? No estás en condiciones de levantarte.-Dije, cogiéndolo del brazo.

- Tranquila, ya estoy bien. No me va a pasar nada, siempre que estés junto a mi.-Dijo, acariciándome la mejilla.

Lo miré sin entender. Él se percató de ello, y formó una pequeña sonrisa.

-Necesito que seas sincera. ¿Has cogido una "hojas" de piedra de debajo de mi cama?

-Emm... ¡¿Perdona?! Esas hojas las cogí yo, las tenía guardadas y el otro día ya no estaban en el sitio donde las dejé.

-Eso es imposible, yo las he tenido siempre conmigo. Si no los tuviese no...

-¡Jack!- Lo interrumpió la directora.

-No, ¿Qué? Jack. -Pregunté.

-Señorita Brown, vuelva a su habitación, aún tiene una hora para dormir antes de las clases.

-De aquí no me voy sin ninguna explicación. Estoy harta de que nunca me digáis lo que pasa en realidad.

-Lo siento, pero el señor Thomson a de descansar, ha pasado una mala noche.-Dijo la doctora.

-Ahora lo dejo pasar, pero la próxima vez que nos veamos no me marcharé hasta que no me cuentes todo lo que está pasando.

Jack me miró con comprensión y se le dibujó una sonrisa que hizo olvidarme de todo por segundos.
Aunque estaba un poco molesta con él por lo que me estaba ocultando y por insinuar delante de la doctora y de la directora que estaba mintiendo, no pude olvidar esos sentimientos que cada vez se hacen más fuertes y más constantes hacia él. ¿Por qué me pasaba esto a mí? 

-Tenlo por seguro, Brown.-Me contestó él.

Después de esas palabras me marché a mi habitación.



miércoles, 25 de marzo de 2015

CAPÍTULO 44

Antes de que empecéis a leer el nuevo capítulo, os dejo este vídeo, es la melodía que escucha Ana en el capítulo anterior :)  




Después de haberme despertado a causa del sueño, oí voces en el pasillo, miré la hora y eran las 4:58 de la madrugada, me levanté de la cama y me di cuenta de que Emma no estaba en su cama. Salí de la habitación, y seguí el murmullo de la gente hablando, venía de la parte de los dormitorios de los chicos.

-¡Ve a por ella, rápido!-Gritó una voz femenina, que me resultaba familiar.

Escuché como alguien corría hacia donde estaba yo en esos momentos. Iba tan rápido que se chocó conmigo al momento en el que giró la esquina. Me tambalee un poco pero el causante me cogió del brazo antes de caerme. Al levantar la cabeza, vi el rostro de mi compañera de habitación un tanto pálido y asustado.

-Ana, corre, ven. Necesitamos que vengas.-Me dijo apresurada.

-Pero, ¿Qué pasa?-Pregunté sin entender.

-Es Jack. -Al oír su nombre me temí lo peor.

Rápidamente la seguí, íbamos a la habitación de ese chico que últimamente no podía tener una conversación normal conmigo, de ese que intentaba culparle a los demás un robo que no habían realizado, de aquel que no que no me había vuelto a sacar el tema de aquel beso que significó tanto y tan poco a la vez. 
Cuando entramos por la puerta, encontramos a la directora Reeve junto a los pies de la cama, a la doctora Parker colocándole unas toallas pequeñas mojadas sobre la frente a Jack, el cual estaba tumbado sobre la cama, temblando; su rostro era tan blanco como la nieve, menos unas cuantas manchas negras que se expandían cada vez más sobre su cuerpo. Lo miré asustada, ¿Qué le estaba pasando? Eso no era una reacción de gripe normal. 

Di un paso atrás mientras me limpiaba las lágrimas que caían sin parar sobre mis mejillas con la manga de mi pijama. 

Jack tenía los ojos cerrados, y parecía como si tuviese una guerra interior, ya que no paraba de moverse. Estaba teniendo una pesadilla.

-Otra vez no por favor, no la vuelvas a apartar de mí.¡¡¡Ana, te quiero!!!-Sus palabras me dejaron de piedra.

No podía soportar verlo así, y en mi mente así como si nada, me vino la imagen que había vivido en el sueño de hace tan solo unos minutos, era él.
Me vino una idea un poco extraña, pero, ¿Estábamos sincronizados?
La voz de la doctora me sacó de mis pensamientos.

-Ana, cariño, necesito que estés más cerca de él. Venga, ven.

-No puedo verlo así. -Me giré para irme por la puerta mientras me aguantaba el llanto, pero una mano se posó en mi hombro, era Cindy.

-Por favor, ve. Jack te necesita.-Me dijo ella con dulzura.

Sin volver a preguntarle me fui hacia él, y me senté en su cama. 

-¿Qué es lo que le pasa, doctora?-Pregunté en busca de información.

-Míralo por ti misma.-Contestó.

Sin saber a que se refería centré la mirada en los ojos de Jack. Se estaba despertando, y había parado de sudar. Instintivamente lo cogí de la mano y me fijé en que las manchas negras estaban desapareciendo. 

-Ana...-Dijo él con la voz rota.

Sin poder evitarlo lo abracé con todas mis fuerzas y salieron de mis ojos unas lágrimas, pero esta vez, eran de felicidad.


martes, 24 de marzo de 2015

CAPÍTULO 43

Me encontraba en medio del pasillo, no sabía que hacía allí, no comprendía que estaba pasando, una melodía invadió el ambiente, era la típica sintonía que te hace olvidar todo lo que tienes alrededor, me envolvía completamente, era dulce, pero al mismo tiempo triste.

Oí a alguien subiendo por las escaleras, pero también oía unas risas como acompañamiento, me escondí tras una vitrina que había en el pasillo y observé la escena.

Un chico corriendo hacia arriba llevaba a una chica cogida de la mano y no paraban de reir.

Se pararon al final de las escaleras y vi como el chico cogía a la chica por la cintura y la levantaba del suelo mientras le daba vueltas.
No pude poner evitar poner una cara de soñadora tras ver esa escena. Lo único malo, es que no veía ningún rostro a causa de la oscuridad.

-No deberíamos estar aquí. -Susurró la chica.

-Lo se, pero te tengo que explicar una cosa que hace tiempo que quiero decirte.

-¿Y que es?- La chica ya no tenía el mismo tono alegre de su voz.

Cuando el chico iba a hablar una voz lo interrumpió.

-¿Quien hay ahí?-Dijo una voz masculina.

Los chicos se asustaron y vi como se daban un beso de ¿despedida?
No entendía eso hasta que vi a un chico que la cogió del brazo, pero ella corrió hacia el ventanal y mientras iba a toda prisa para romperlo y saltar una voz desgarrada me erizó el pelo.

-Otra vez no por favor, no me la vuelvas a apartar de mí.-El susurro de el chico que minutos antes había sido alegre ahora estaba lleno pena, rabia...-¡¡¡Ana, te quiero!!!-Gritó el chico mientras que sus lágrimas salían sin remedio.

Cuando oí el nombre me giré, ¿Había oído bien? No podía ser, yo...
Pero di un salto, y estaba en mi cama. había sido un sueño, un sueño del que no iba a poder escapar fácilmente. 



lunes, 23 de marzo de 2015

CAPÍTULO 42

Al salir de mi habitación, me dirigí a la de Jack. En verdad, Emma tenía razón, él no era un chico problemático, debería de haberlo dejado explicarse.
Cuando llegué a su habitación toqué a la puerta, pero no obtuve respuesta. Apoyé mi espalda a la puerta, seguro que no tardaría en llegar. Pero mi mano rozó la manivela y la puerta se abrió. Se habían olvidado de cerrarla cuando salieron.
Entré y me senté en la cama de Jack, me quedé allí pensando en lo que le iba a decir cuando llegase. Me levanté, y caminé por toda la habitación, pero un destello que venía de abajo de la cama de Jack, me sacó de mis pensamientos. Cuando me acerqué no pude contener un grito. 
Allí se encontraban las dos hojas que habían desaparecido del cajón.
Oí que se abría la puerta.  Puse las hojas en los bolsillos de la falda de mi uniforme y me giré.
Jack estaba tan absorto en sus pensamientos, que no se había percatado de mi existencia.

-Jack.-Él dio un respingo.

-Aa... ¿Qué haces aquí?-Preguntó.

-Venía a disculparme y a pedirte que te expliques.

-Disculpas aceptadas.-Dijo con una sonrisa un poco ¿Triste? 

-Vale, pero dime que pasó para golpearlo.

Él se quedó en silencio.

-Jack, sé que no le harías nada a nadie. Sería por una buena razón, ¿No?

Como no contestaba, iba a irme de la habitación hasta que dijo.

-¡Espera! 

Yo me giré, y entonces me di cuenta de su rostro, se le veía cansado, y sin ninguna fuerza ya que se sentó en la cama. 

-Acércate por favor.

Cuando me acerqué vi que su cara cambiaba, supongo que fue porque al menos lo iba a dejar explicarse. Me senté junto a él en la cama.

-Ana, te vi hablando con la cocinera, y no pude evitar escuchar un poco de la conversación, y te oí decir que la biblioteca estaba llena, entonces como yo llegaba tarde a hacer mi trabajo con Luna, fui corriendo. 

-¿Qué tiene que ver eso con Steve?-Dije, desconfiada.

-La biblioteca estaba vacía, Ana. 

Se me abrieron los ojos como platos.

-Eso no puede ser, ¿Entonces...?

-¿Él fue quien te dijo de hacer el trabajo en tu habitación, verdad?

Bajé la cabeza avergonzada.

-¿Y cuál fue tu deducción para entrar y pegarle?

-Sabes que no lo puedo ver, y cuando te oí decir que la biblioteca estaba lleno porque él te lo dijo y que ibais a la habitación, un presentimiento me vino a la cabeza, no pude evitar subir corriendo, y él estaba mirando entre los cajones de tú habitación. 

-¡Esto sí que no te lo voy a consentir! -¿Como era capaz de insinuar que era Steve el que me había robado las hojas, si era él que las tenía debajo de la cama?
Me levanté enfadada, y él me miraba sin comprender. No fui capaz de hablarle sobre el beso pero antes de cerrar la puerta oí que decía.

-Ah, Ana, espero que te gustara el beso de Steve.

No entendí lo que quería decir, pero estaba tan enfadada porque me hubiese mentido que le hice caso omiso y salí de la habitación.

miércoles, 18 de marzo de 2015

CAPÍTULO 41

Aún estaba acostada en la cama pensando, cuando se abrió la puerta de la habitación. Sin mover ningún músculo, supe de quien se trataba.

-¿Qué ha sido de ti? No te he visto en todo en día.- Le pregunté.

-He estado liada. Ya sabes, haciendo el trabajo y todas esas cosas.-Contestó Emma.

A parte de que sí que era cierto lo del trabajo, no me creo que haya estado todo el día trabajando en el. 

-Sabes a que me refiero.

Ella no contestó.

-¿Por que no me has hablado en clase? Ni siquiera me has saludado.

-No todos tienen días perfectos.

Nos quedamos las dos en absoluto silencio y no sabíamos que decir para cortarlo. 
Estaba en la duda de preguntarle si ella había visto algo en el cajón, pero no sabía si iba a ser una buena idea. De pronto, Emma me preguntó una cosa que no me esperaba.

-Antes, he visto a Jack un poco raro. ¿Sabes algo?

-Emm... bueno, es que, estaba haciendo un trabajo con Steve, y cuando he entrado en la habitación, Jack le estaba pegando. Y pues como comprenderás, lo he echado de mi habitación.

-Pues no, Ana, no estoy de acuerdo. ¿No te parece un poco raro que Jack, el mismísimo Jack, un ángel de persona (nunca mejor dicho) le pegue a Steve?

-Emma, sabes perfectamente que lo odia.

-Jack no le haría daño ni a una mosca, Ana. Lo habrá hecho por una buena razón. Y dime, ¿Te ha dicho por que lo ha hecho?

-Pues verás... -Miré hacia el suelo, avergonzada.-No le he dejado que me dijera nada.

-¡Pero Ana! Mira que eres única. Ve a hablar con él, anda. Os habéis hecho muy buenos amigos, no deberíais estar así.

-Si de verdad me quisiera recuperar, al menos, me habría vuelto a hablar después del beso.-De pronto me quedé callada, Emma no sabía nada de eso, y me había delatado yo sola.

La sonrisa de mi compañera le ocupó toda su cara.

-¿Os besasteis y no me dijiste nada? ¿Pero que clase de amiga eres?

-Bueno, en realidad, me besó él.

-Eso es perfecto.

-Me enteré de que Amy y él, nunca han estado juntos.

Emma puso una cara extraña que no sabía descifrar.

-Espera, ¿Lo sabías? ¿Sabía que nunca habían estado juntos?-Le pregunté enfadada.

Ella asintió avergonzada.

-¿Y la mala amiga soy yo?

-Lo hicimos por ti.

-¿Por mí?-Pregunté.

-Ya lo sabrás por ti misma.

Apreté la mandíbula, nunca me iban a decir nada. 
Después me dirigí hacia la puerta para hablar con Jack de lo ocurrido, pero antes de cerrar la puerta no pude evitar preguntar.

-¿Ayer abriste mi cajón?

Emma me miró sin saber a que venía eso.

-No, ¿Por qué?- Contestó. 

-Nada, olvídalo. -Y después de mandarle una sonrisa de despedida, cerré la puerta.


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