Tras esa incómoda sensación de que alguien me estaba observando, no pude evitar girarme, pero me quedé aún más asombrada cuando no vi a nadie detrás de mí. Pero, no es que no había nadie detrás de mí, sino que tampoco había nadie a mí alrededor. Una neblina se instaló en toda la habitación. Esto era muy raro.
Volví a oír la melodía de la otra vez. No sabía qué hacer, ¿Quedarme quieta hasta que todo esto terminara o seguir andando en busca de algo? Me decanté por la segunda opción, y salí con un poco de torpeza por la puerta del comedor. Cuando ya estuve en el pasillo oí que alguien hablaba.
-No puedes hacer eso, te arriesgarías a que te expulsaran.
-Lo se, pero valdrá la pena eso, antes que no volver a verte.
-Si te expulsan, no sabremos que castigo te pondrán.
-Si no arriesgas, no ganas. Y si no lo comprobamos, nunca sabríamos que hubiese pasado.
-Eso es verdad, pero no me gusta mucho esa idea...
-Tranquilo, ¿Vale? Todo saldrá bien.
-Eso espero, pero a él le harás mucho daño.
-No me lo recuerdes, creo que eso será lo único que no olvidaré jamás.
Después de esas palabras, me reincorporé, estaba en una cama. Alguien me cogió del brazo y con dulzura me volvió a tumbar en la cama. Lo miré desconcertada. ¿Qué hacía él aquí?
-Túmbate, no es bueno que te muevas bruscamente. -Dijo Daniel.
-¿Qué haces aquí?, Bueno... ¿Qué hago yo aquí?
-Verás, cuando estábamos saliendo del comedor te desmayaste. Intenté cogerte, pero se ve que tenías ansias de llegar al suelo.-Se rió, y no pude evitar reír.- Todos los demás de fueron a clase, así que te traje a la enfermería.
-Gracias.-Le susurré. Él sonrió como respuesta.
-¿Te mareas con frecuencia?
-La verdad, es que últimamente veo muy de cerca el suelo.-Los dos soltamos unas carcajadas.
-Pero, no se... ¿Tomas algún medicamento que te cause mareos?- Me preguntó, no muy convencido de que fueran los medicamentos, los que me hacía esto.
-No, no son medicamentos, es solo que tengo... emm... una lucha interior.
Él frunció el ceño, sin entender lo que le quería decir.
-¿Una lucha interior? ¿Qué quieres decir?
Daniel, a pesar de que lo hubiese conocido hace como mínimo una hora, me trasmitía tranquilidad y seguridad, pero al mismo tiempo algo me decía que no era buena idea contarle nada de mis sueños.
-Oh, nada. Cosas mías, nada de qué preocuparse.
Al decir eso, la doctora Parker entró por la puerta de la enfermería.
-¿Cómo te encuentras, Ana?- Me preguntó ella.
-Mejor, mucho mejor.
-Bueno, señor Lewis, puede irse, ya ha perdido dos horas de clase.
¿Había estado dos horas inconsciente? bueno... ¿Daniel había perdido dos horas, por hacerme compañía?
-Ah... Si claro, ahora voy. -Se levantó de la silla que había junto a la cama donde yo estaba tumbada, y cogió del suelo la mochila para colgársela en el hombro derecho.- Bueno Ana, mejórate, ya nos vemos luego.
Siguió su camino y antes de salir de la enfermería le dije.
-Gracias, Daniel. -Lo dije en un susurro, pero él lo llegó a escuchar. Se giró, y me mostró una perfecta sonrisa.
-No tienes el por qué agradecerme nada. Ahora ya sabes que estaré ahí para lo que necesites.
Y después de eso abrió la puerta y se marchó.