Durante la hora siguiente estuve tumbada sin poder dormir, pensando en las dichosas hojas, al final antes de irme de la habitación de Jack las dejé encima de su escritorio sin que se diese cuenta. Él estaba encaprichado en que esas hojas eran suyas desde hace mucho tiempo, pero, ¿No es mucha casualidad, que justo unos días después de que desaparezcan de mi habitación, amanezcan debajo de su cama? Algo raro estaba pasando en este internado y lo iba a averiguar.
Después de esa hora, me duché y me puse el uniforme antes de ir a desayunar. Buscaba entre la multitud a Emma para desayunar con ella, pero no la encontraba por ninguna parte. Para no sentarme sola, me encaminé a una mesa donde estaban unos compañeros con los que iba a clase. No es que tuviese una muy buena relación con ellos, pero al menos no desayunaría sola.
-Hola, ¿Os importa que me siente con vosotros?-Pregunté un poco incómoda. Todos los que estaban es la mesa se giraron a verme y sonrieron.
-Pues claro. -Dijo Luna. Era una chica muy simpática y por las notas que sacaba, muy inteligente.
-Gracias. -Le contesté con una sonrisa de agradecimiento y me senté a su lado.
-¿Y eso que te sientas hoy con nosotros? -Dijo una chica morena, que no recordaba su nombre.
-¡Lara! -Le gritó Luna. -No te lo tomes a mal, Lara es así con todo el mundo.
-Solo soy así con la gente que desobedece las normas. -Sin decir nada más se levantó de la mesa y se fue. Me quedé callada, no sabía por qué me decía eso. ¿En qué momento había desobedecido a alguien?
Se formó un incómodo silencio, nadie me miraba menos el chico que tenía enfrente, no iba a mi clase, por lo tanto no sabía su nombre, pero su mirada me estaba incomodando demasiado.
Levanté la mirada y sus ojos azules intensos no se apartaron.
-¿Algún problema... -Hablé alargando la palabra para que entendiera que no sabía su nombre, y él lo captó.
-Daniel, me llamo Daniel Lewis Reeve. -Sus ojos se entrecerraron y su cabeza de ladeó haciendo que su cabello negro como el azabache le cubriera un ojo. Su gesto me dijo que esperaba una respuesta por mi parte. Mi mente se distrajo un poco a causa de su belleza, que chico más guapo. Pero entonces mi mente empezó a atar cabos.
-¡Oh! ¿Así que eres el hijo de la directora?
Él hizo un gesto de dolor.
-Perdona si te ha molestado la pregunta, pero como me has dicho el nombre completo he pensado que era para que preguntara. O ya, ya se, ¿Era para presumir que tienes como madre a una directora?-Dije quitando un poco de tensión, que parece funcionar cuando Daniel muestra una media sonrisa.
-Claro... Claro era eso. -Dice como si no estuviese lo suficientemente seguro de sus palabras.
-Bueno, chicos, vamos que ya es hora de ir a clases.

