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martes, 31 de marzo de 2015

CAPÍTULO 46

Tan solo llegar a mi cama me dejé caer en ella. Emma no estaba, ¿Donde se había metido? La había perdido de vista cuando me dejó con Jack. Llevaba unos días distantes, pero es normal, Ash ha hecho que ella siempre esté contenta y no tan loca e impulsiva como antes.

Durante la hora siguiente estuve tumbada sin poder dormir, pensando en las dichosas hojas, al final antes de irme de la habitación de Jack las dejé encima de su escritorio sin que se diese cuenta. Él estaba encaprichado en que esas hojas eran suyas desde hace mucho tiempo, pero, ¿No es mucha casualidad, que justo unos días después de que desaparezcan de mi habitación, amanezcan debajo de su cama? Algo raro estaba pasando en este internado y lo iba a averiguar.

Después de esa hora, me duché y me puse el uniforme antes de ir a desayunar. Buscaba entre la multitud a Emma para desayunar con ella, pero no la encontraba por ninguna parte. Para no sentarme sola, me encaminé a una mesa donde estaban unos compañeros con los que iba a clase. No es que tuviese una muy buena relación con ellos, pero al menos no desayunaría sola.

-Hola, ¿Os importa que me siente con vosotros?-Pregunté un poco incómoda. Todos los que estaban es la mesa se giraron a verme y sonrieron.

-Pues claro. -Dijo Luna. Era una chica muy simpática y por las notas que sacaba, muy inteligente.

-Gracias. -Le contesté con una sonrisa de agradecimiento y me senté a su lado.

-¿Y eso que te sientas hoy con nosotros? -Dijo una chica morena, que no recordaba su nombre.

-¡Lara! -Le gritó Luna. -No te lo tomes a mal, Lara es así con todo el mundo.

-Solo soy así con la gente que desobedece las normas. -Sin decir nada más se levantó de la mesa y se fue. Me quedé callada, no sabía por qué me decía eso. ¿En qué momento había desobedecido a alguien? 

Se formó un incómodo silencio, nadie me miraba menos el chico que tenía enfrente, no iba a mi clase, por lo tanto no sabía su nombre, pero su mirada me estaba incomodando demasiado. 
Levanté la mirada y sus ojos azules intensos no se apartaron.

-¿Algún problema... -Hablé alargando la palabra para que entendiera que no sabía su nombre, y él lo captó.

-Daniel, me llamo Daniel Lewis Reeve. -Sus ojos se entrecerraron  y su cabeza de ladeó haciendo que su cabello negro como el azabache le cubriera un ojo. Su gesto me dijo que esperaba una respuesta por mi parte. Mi mente se distrajo un poco a causa de su belleza, que chico más guapo. Pero entonces mi mente empezó a atar cabos.

-¡Oh! ¿Así que eres el hijo de la directora? 

Él hizo un gesto de dolor.

-Perdona si te ha molestado la pregunta, pero como me has dicho el nombre completo he pensado que era para que preguntara. O ya, ya se, ¿Era para presumir que tienes como madre a una directora?-Dije quitando un poco de tensión, que parece funcionar cuando Daniel muestra una media sonrisa. 

-Claro... Claro era eso. -Dice como si no estuviese lo suficientemente seguro de sus palabras.

-Bueno, chicos, vamos que ya es hora de ir a clases.

Me levanté de la silla para ir a mi primera clase del día, pero no sin sentir antes, una mirada intensa clavada en mi nuca.



jueves, 26 de marzo de 2015

CAPÍTULO 45

Estaba abrazada a él, mientras me acariciaba la espalda.
No sé cuánto tiempo nos quedamos en esa posición, pero aunque hubiesen sido cinco horas, para mí, habrían pasado como segundos. 
Mi hermana, bueno, Lizz, de pequeña me decía: "Los buenos momentos pasan rápido, pero en cambio, los malos, duran una eternidad. Ya lo entenderás cuando seas mayor."
Que razón tenía.

Me reincorporé, quedándome sentada en el borde de la cama. Todo estaba perfectamente hasta qué Cindy habló.

-Ana, ¿Sabes algo sobre unas piedras?- ¡¿Qué?! No sabía que contestar a eso. ¿Por que me pedía Cindy las hojas?

-Cindy, ya se lo digo yo. -Dijo Jack levantándose y andando por la habitación hasta llegar donde estaba yo.

-¿Qué haces? No estás en condiciones de levantarte.-Dije, cogiéndolo del brazo.

- Tranquila, ya estoy bien. No me va a pasar nada, siempre que estés junto a mi.-Dijo, acariciándome la mejilla.

Lo miré sin entender. Él se percató de ello, y formó una pequeña sonrisa.

-Necesito que seas sincera. ¿Has cogido una "hojas" de piedra de debajo de mi cama?

-Emm... ¡¿Perdona?! Esas hojas las cogí yo, las tenía guardadas y el otro día ya no estaban en el sitio donde las dejé.

-Eso es imposible, yo las he tenido siempre conmigo. Si no los tuviese no...

-¡Jack!- Lo interrumpió la directora.

-No, ¿Qué? Jack. -Pregunté.

-Señorita Brown, vuelva a su habitación, aún tiene una hora para dormir antes de las clases.

-De aquí no me voy sin ninguna explicación. Estoy harta de que nunca me digáis lo que pasa en realidad.

-Lo siento, pero el señor Thomson a de descansar, ha pasado una mala noche.-Dijo la doctora.

-Ahora lo dejo pasar, pero la próxima vez que nos veamos no me marcharé hasta que no me cuentes todo lo que está pasando.

Jack me miró con comprensión y se le dibujó una sonrisa que hizo olvidarme de todo por segundos.
Aunque estaba un poco molesta con él por lo que me estaba ocultando y por insinuar delante de la doctora y de la directora que estaba mintiendo, no pude olvidar esos sentimientos que cada vez se hacen más fuertes y más constantes hacia él. ¿Por qué me pasaba esto a mí? 

-Tenlo por seguro, Brown.-Me contestó él.

Después de esas palabras me marché a mi habitación.



miércoles, 25 de marzo de 2015

CAPÍTULO 44

Antes de que empecéis a leer el nuevo capítulo, os dejo este vídeo, es la melodía que escucha Ana en el capítulo anterior :)  




Después de haberme despertado a causa del sueño, oí voces en el pasillo, miré la hora y eran las 4:58 de la madrugada, me levanté de la cama y me di cuenta de que Emma no estaba en su cama. Salí de la habitación, y seguí el murmullo de la gente hablando, venía de la parte de los dormitorios de los chicos.

-¡Ve a por ella, rápido!-Gritó una voz femenina, que me resultaba familiar.

Escuché como alguien corría hacia donde estaba yo en esos momentos. Iba tan rápido que se chocó conmigo al momento en el que giró la esquina. Me tambalee un poco pero el causante me cogió del brazo antes de caerme. Al levantar la cabeza, vi el rostro de mi compañera de habitación un tanto pálido y asustado.

-Ana, corre, ven. Necesitamos que vengas.-Me dijo apresurada.

-Pero, ¿Qué pasa?-Pregunté sin entender.

-Es Jack. -Al oír su nombre me temí lo peor.

Rápidamente la seguí, íbamos a la habitación de ese chico que últimamente no podía tener una conversación normal conmigo, de ese que intentaba culparle a los demás un robo que no habían realizado, de aquel que no que no me había vuelto a sacar el tema de aquel beso que significó tanto y tan poco a la vez. 
Cuando entramos por la puerta, encontramos a la directora Reeve junto a los pies de la cama, a la doctora Parker colocándole unas toallas pequeñas mojadas sobre la frente a Jack, el cual estaba tumbado sobre la cama, temblando; su rostro era tan blanco como la nieve, menos unas cuantas manchas negras que se expandían cada vez más sobre su cuerpo. Lo miré asustada, ¿Qué le estaba pasando? Eso no era una reacción de gripe normal. 

Di un paso atrás mientras me limpiaba las lágrimas que caían sin parar sobre mis mejillas con la manga de mi pijama. 

Jack tenía los ojos cerrados, y parecía como si tuviese una guerra interior, ya que no paraba de moverse. Estaba teniendo una pesadilla.

-Otra vez no por favor, no la vuelvas a apartar de mí.¡¡¡Ana, te quiero!!!-Sus palabras me dejaron de piedra.

No podía soportar verlo así, y en mi mente así como si nada, me vino la imagen que había vivido en el sueño de hace tan solo unos minutos, era él.
Me vino una idea un poco extraña, pero, ¿Estábamos sincronizados?
La voz de la doctora me sacó de mis pensamientos.

-Ana, cariño, necesito que estés más cerca de él. Venga, ven.

-No puedo verlo así. -Me giré para irme por la puerta mientras me aguantaba el llanto, pero una mano se posó en mi hombro, era Cindy.

-Por favor, ve. Jack te necesita.-Me dijo ella con dulzura.

Sin volver a preguntarle me fui hacia él, y me senté en su cama. 

-¿Qué es lo que le pasa, doctora?-Pregunté en busca de información.

-Míralo por ti misma.-Contestó.

Sin saber a que se refería centré la mirada en los ojos de Jack. Se estaba despertando, y había parado de sudar. Instintivamente lo cogí de la mano y me fijé en que las manchas negras estaban desapareciendo. 

-Ana...-Dijo él con la voz rota.

Sin poder evitarlo lo abracé con todas mis fuerzas y salieron de mis ojos unas lágrimas, pero esta vez, eran de felicidad.


martes, 24 de marzo de 2015

CAPÍTULO 43

Me encontraba en medio del pasillo, no sabía que hacía allí, no comprendía que estaba pasando, una melodía invadió el ambiente, era la típica sintonía que te hace olvidar todo lo que tienes alrededor, me envolvía completamente, era dulce, pero al mismo tiempo triste.

Oí a alguien subiendo por las escaleras, pero también oía unas risas como acompañamiento, me escondí tras una vitrina que había en el pasillo y observé la escena.

Un chico corriendo hacia arriba llevaba a una chica cogida de la mano y no paraban de reir.

Se pararon al final de las escaleras y vi como el chico cogía a la chica por la cintura y la levantaba del suelo mientras le daba vueltas.
No pude poner evitar poner una cara de soñadora tras ver esa escena. Lo único malo, es que no veía ningún rostro a causa de la oscuridad.

-No deberíamos estar aquí. -Susurró la chica.

-Lo se, pero te tengo que explicar una cosa que hace tiempo que quiero decirte.

-¿Y que es?- La chica ya no tenía el mismo tono alegre de su voz.

Cuando el chico iba a hablar una voz lo interrumpió.

-¿Quien hay ahí?-Dijo una voz masculina.

Los chicos se asustaron y vi como se daban un beso de ¿despedida?
No entendía eso hasta que vi a un chico que la cogió del brazo, pero ella corrió hacia el ventanal y mientras iba a toda prisa para romperlo y saltar una voz desgarrada me erizó el pelo.

-Otra vez no por favor, no me la vuelvas a apartar de mí.-El susurro de el chico que minutos antes había sido alegre ahora estaba lleno pena, rabia...-¡¡¡Ana, te quiero!!!-Gritó el chico mientras que sus lágrimas salían sin remedio.

Cuando oí el nombre me giré, ¿Había oído bien? No podía ser, yo...
Pero di un salto, y estaba en mi cama. había sido un sueño, un sueño del que no iba a poder escapar fácilmente. 



lunes, 23 de marzo de 2015

CAPÍTULO 42

Al salir de mi habitación, me dirigí a la de Jack. En verdad, Emma tenía razón, él no era un chico problemático, debería de haberlo dejado explicarse.
Cuando llegué a su habitación toqué a la puerta, pero no obtuve respuesta. Apoyé mi espalda a la puerta, seguro que no tardaría en llegar. Pero mi mano rozó la manivela y la puerta se abrió. Se habían olvidado de cerrarla cuando salieron.
Entré y me senté en la cama de Jack, me quedé allí pensando en lo que le iba a decir cuando llegase. Me levanté, y caminé por toda la habitación, pero un destello que venía de abajo de la cama de Jack, me sacó de mis pensamientos. Cuando me acerqué no pude contener un grito. 
Allí se encontraban las dos hojas que habían desaparecido del cajón.
Oí que se abría la puerta.  Puse las hojas en los bolsillos de la falda de mi uniforme y me giré.
Jack estaba tan absorto en sus pensamientos, que no se había percatado de mi existencia.

-Jack.-Él dio un respingo.

-Aa... ¿Qué haces aquí?-Preguntó.

-Venía a disculparme y a pedirte que te expliques.

-Disculpas aceptadas.-Dijo con una sonrisa un poco ¿Triste? 

-Vale, pero dime que pasó para golpearlo.

Él se quedó en silencio.

-Jack, sé que no le harías nada a nadie. Sería por una buena razón, ¿No?

Como no contestaba, iba a irme de la habitación hasta que dijo.

-¡Espera! 

Yo me giré, y entonces me di cuenta de su rostro, se le veía cansado, y sin ninguna fuerza ya que se sentó en la cama. 

-Acércate por favor.

Cuando me acerqué vi que su cara cambiaba, supongo que fue porque al menos lo iba a dejar explicarse. Me senté junto a él en la cama.

-Ana, te vi hablando con la cocinera, y no pude evitar escuchar un poco de la conversación, y te oí decir que la biblioteca estaba llena, entonces como yo llegaba tarde a hacer mi trabajo con Luna, fui corriendo. 

-¿Qué tiene que ver eso con Steve?-Dije, desconfiada.

-La biblioteca estaba vacía, Ana. 

Se me abrieron los ojos como platos.

-Eso no puede ser, ¿Entonces...?

-¿Él fue quien te dijo de hacer el trabajo en tu habitación, verdad?

Bajé la cabeza avergonzada.

-¿Y cuál fue tu deducción para entrar y pegarle?

-Sabes que no lo puedo ver, y cuando te oí decir que la biblioteca estaba lleno porque él te lo dijo y que ibais a la habitación, un presentimiento me vino a la cabeza, no pude evitar subir corriendo, y él estaba mirando entre los cajones de tú habitación. 

-¡Esto sí que no te lo voy a consentir! -¿Como era capaz de insinuar que era Steve el que me había robado las hojas, si era él que las tenía debajo de la cama?
Me levanté enfadada, y él me miraba sin comprender. No fui capaz de hablarle sobre el beso pero antes de cerrar la puerta oí que decía.

-Ah, Ana, espero que te gustara el beso de Steve.

No entendí lo que quería decir, pero estaba tan enfadada porque me hubiese mentido que le hice caso omiso y salí de la habitación.

miércoles, 18 de marzo de 2015

CAPÍTULO 41

Aún estaba acostada en la cama pensando, cuando se abrió la puerta de la habitación. Sin mover ningún músculo, supe de quien se trataba.

-¿Qué ha sido de ti? No te he visto en todo en día.- Le pregunté.

-He estado liada. Ya sabes, haciendo el trabajo y todas esas cosas.-Contestó Emma.

A parte de que sí que era cierto lo del trabajo, no me creo que haya estado todo el día trabajando en el. 

-Sabes a que me refiero.

Ella no contestó.

-¿Por que no me has hablado en clase? Ni siquiera me has saludado.

-No todos tienen días perfectos.

Nos quedamos las dos en absoluto silencio y no sabíamos que decir para cortarlo. 
Estaba en la duda de preguntarle si ella había visto algo en el cajón, pero no sabía si iba a ser una buena idea. De pronto, Emma me preguntó una cosa que no me esperaba.

-Antes, he visto a Jack un poco raro. ¿Sabes algo?

-Emm... bueno, es que, estaba haciendo un trabajo con Steve, y cuando he entrado en la habitación, Jack le estaba pegando. Y pues como comprenderás, lo he echado de mi habitación.

-Pues no, Ana, no estoy de acuerdo. ¿No te parece un poco raro que Jack, el mismísimo Jack, un ángel de persona (nunca mejor dicho) le pegue a Steve?

-Emma, sabes perfectamente que lo odia.

-Jack no le haría daño ni a una mosca, Ana. Lo habrá hecho por una buena razón. Y dime, ¿Te ha dicho por que lo ha hecho?

-Pues verás... -Miré hacia el suelo, avergonzada.-No le he dejado que me dijera nada.

-¡Pero Ana! Mira que eres única. Ve a hablar con él, anda. Os habéis hecho muy buenos amigos, no deberíais estar así.

-Si de verdad me quisiera recuperar, al menos, me habría vuelto a hablar después del beso.-De pronto me quedé callada, Emma no sabía nada de eso, y me había delatado yo sola.

La sonrisa de mi compañera le ocupó toda su cara.

-¿Os besasteis y no me dijiste nada? ¿Pero que clase de amiga eres?

-Bueno, en realidad, me besó él.

-Eso es perfecto.

-Me enteré de que Amy y él, nunca han estado juntos.

Emma puso una cara extraña que no sabía descifrar.

-Espera, ¿Lo sabías? ¿Sabía que nunca habían estado juntos?-Le pregunté enfadada.

Ella asintió avergonzada.

-¿Y la mala amiga soy yo?

-Lo hicimos por ti.

-¿Por mí?-Pregunté.

-Ya lo sabrás por ti misma.

Apreté la mandíbula, nunca me iban a decir nada. 
Después me dirigí hacia la puerta para hablar con Jack de lo ocurrido, pero antes de cerrar la puerta no pude evitar preguntar.

-¿Ayer abriste mi cajón?

Emma me miró sin saber a que venía eso.

-No, ¿Por qué?- Contestó. 

-Nada, olvídalo. -Y después de mandarle una sonrisa de despedida, cerré la puerta.


martes, 17 de marzo de 2015

CAPÍTULO 40

Minutos antes...

Estaba sentado en mi habitación, aguantando a Ash. Llevaba diciendo desde el día de la excursión, que quería encontrarse con Emma. Su mente no paraba de pensar en ella, el pobre, estaba atrapado bajo en conjuro del amor. Y yo era el que lo tenía que aguantar día sí y día también sus comentarios cursis. 

-Necesito verla.-Dijo.

-Tío, estás de un empalagoso...

-No eres el más indicado para decirme eso, deberías saberlo. 

-Lo mío es muy diferente, tengo escusa.

Ash me miró levantando las cejas como diciendo "¿Enserio?"

-Mira, deja de lloriquear de una vez, y ve a buscarla.

-Ojalá pudiera. Pero tengo que hacer el trabajo en la habitación de Ryan.

Cuando dijo eso, me acordé de que había quedado con Luna para hacer el trabajo a las cinco y media y ya eran las seis pasadas. Me iba a matar. Me levanté y cogí la mochila para salir corriendo hacia la biblioteca.

-¡Luego nos vemos, que llego tarde!

Me despedí de Ash, y me fui corriendo hacia la biblioteca. Mientras bajaba pasé primero por el comedor para coger una empanada para merendar, pero me quedé quieto, cuando vi a Ana hablando amistosamente con la cocinera. 
se que estuvo mal, pero dijo una cosa que me picó la curiosidad quedarme y escuchar.

-¿Me podrías preparar dos bocadillos?- Preguntó ella, con voz dulce.

-Si quieres, puedes hacerlos tú como más te gusten, pero esto queda entre nosotras. -La cocinera le guiñó un ojo. Era muy simpática.

Mientras Ana se hacía los bocadillos, la cocinera le preguntó.

-¿Qué estás, haciendo trabajos?

-Sí- Dijo disgustada.-Estoy tan cansada, con un dolor de cabeza que no aguanto.

-Bueno, te aconsejo, que en los momentos que te duela la cabeza y necesites pensar, ve a la biblioteca, allí seguro que nadie te interrumpe. 

-Lo tendré en cuenta.-Dijo Ana con una sonrisa.- Pero hoy va a ser que no. Steve y yo, habíamos quedado para ir allí, pero me ha dicho que estaba tan llena que no cabíamos.

Al escuchar eso, tuve una idea. Sin cojer la empanada, me fui en dirección a la biblioteca, seguro que Luna estaba allí esperándome.
Cuando llegué, me quedé petrificado. No había ni una mosca. Solo estaba la bibliotecaria, y durmiendo.
Me vino un mal presentimiento y pensé rápidamente. Si Ash tenía que hacer el trabajo y era en la habitación de Ryan y éste era compañero de Steve, eso quería decir que estaban haciendo el trabajo en la habitación de Ana. ¡Oh no! 
Salí corriendo como una bala al segundo piso y llegué a la puerta de Ana. La abrí, y como no, mi presentimiento era real.

-¡¿Qué haces?!- Grité.

Steve estaba rebuscando en los cajones de Ana, en busca de algo.

Steve se giró y sonrió malévolamente.

-Pues siéndote sincero, hacer todo lo que pueda, y no quedarme quieto como tú, para poder quedarme con ella. 

-No sabes lo que dices. Ella no es tan ilusa como para caer en tus manos.

-No lo demostró cuando me besó. -Sonrió con tanta suficiencia que no pude quedarme quieto. Me entró tanta rabia que no me pude contener. Me abalancé sobre él y empecé a pegarle. 

Estaba tan ocupado en partirle la cara que no me di cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.

-¿Que te crees que haces, Thomson? -Era la voz de Ana. No me había llamado nunca por mi apellido.

-Él...-Intenté explicarme.

-¡Cállate! No tienes ningún motivo para que entres en mí habitación, sin mi consentimiento, y menos, para pegarle.-Gritó.

-¡¿Quieres dejar que me explique?!-No podía soportar que pensara que yo era así.

Se quedó callada durante unos segundo pero me hizo un gesto para que continuase.

-Verás, él te está utilizando, Ana. No pude soportar que...

-¡Fuera! -Me cortó.

-Pero...

-¡Vete de mi habitación, ahora!-Gritó fuera de sí.

Cuando estaba a punto de salir, me giré un momento.

-Espero que un día te des cuenta de tus estupideces, y me entiendas. -Después, salí de la habitación y cerré la puerta.

De camino a la habitación de Luna pensé en todo lo ocurrido. "Este chico no se va a salir con la suya".-Pensé.


lunes, 16 de marzo de 2015

CAPÍTULO 39

No podía creer lo que estaban viendo mis ojos, me acerqué corriendo y separé a Jack, que estaba encima de Steve pegándole. Cuando ya estaban separados dije.

-¿Que te crees que haces, Thomson? -Sí, para llamar a Jack por su apellido, ya debería de estar bien enfadada.

-Él...

-¡Cállate! No tienes ningún motivo para que entres en mí habitación, sin mi consentimiento, y menos, para pegarle.

-¡¿Quieres dejar que me explique?!

Me quedé sin decir nada, pero mi mirada le decía que se explicara. Él captó la idea, y comenzó. Sí, comenzó, ya que no lo dejé terminar.

-Verás, él te está utilizando, Ana. No pude soportar que...

-¡Fuera! -Lo corté.

-Pero...

-¡Vete de mi habitación, ahora!-Le grité, mientras le señalaba la puerta.

Cuando estaba a punto de salir, se giró un momento.

-Espero que un día te des cuenta de tus estupideces, y me entiendas. -Después de decir eso, se marchó.

Estuve unos minutos sin moverme del sitio, ¿A qué venía eso? Después, noté unos brazos cogiéndome de los hombros, era Steve. Había olvidado completamente que aún se encontraba aquí.
Al girarme, me miró a los ojos.

-¿Qué fue lo que pasó?-Le pregunté.

-Ni yo mismo lo entiendo. Estaba terminando de escribir una cosa del trabajo y el entró diciendo no se qué barbaridad que no le comprendí, y me tiró al suelo. Y bueno, eso pasó hasta que tú entraste.

Lo miré desconcertada. 

-Steve, nos vemos mañana en clase, ¿Vale?

-Mmm... Sí, claro. - Su mirada se posó en los bocadillos que aún llevaba en la mano.

-Toma, llévate el tuyo. -Le entregué el bocadillo, y indirectamente, le dejé claro que quería estar sola.

Steve se marchó de mi habitación y yo me quedé pensando en lo que había ocurrido minutos atrás. Sí, me enfadé con Jack, pero la historia de Steve, no me cuadraba mucho. Jack no ese tipo de chicos, que así, por la cara, pega a la gente sin motivo alguno. Vale, él no soportaba a Steve, pero no creo que sin motivos previos, se acerque a la habitación y empiece a pegarle. 
¿Qué por qué no le dejé que se explicara? Simple, soy tonta.

viernes, 13 de marzo de 2015

CAPÍTULO 38

Justo antes de salir por la puerta de la última clase del día, oí como Steve me llamaba.

-¡Ana!-Me llamó él.

Me di la vuelta y le contesté.

-¿Sí?

-Deberíamos hacernos unos horarios para organizarnos a la hora de quedar para hacer el trabajo.

-Ah, vale. -Me giré para seguir mi camino. No tenía ganas de hablar con él. Cada vez mi cuerpo me decía que me apartara de él, y no sabía por qué. 
Al segundo, me cogió del brazo y me hizo girar.

-¿Me estás escuchando?

-Sí, ¿Por qué?-Dije con voz cansada.

-Porque te estoy diciendo de hacer un horario y te vas.

-Hay más días para quedar.

-El próximo día hay que entregarle al profesor un borrador de cómo va a ser nuestro trabajo. Y el próximo día es mañana.

-Bueno, pues quedamos esta tarde. ¿Contento?-Que pesado podía ser este chico, a veces.

-¿En qué sitio quedamos?

-En la biblioteca. Como personas normales.

-Emm... vale. Bueno, a las cinco en la puerta. ¡Hasta luego!

-¡Hasta luego, Steve!

Después de esa conversación, fui en dirección a mi habitación. No podía dejar de pensar en Emma, Jack y las hojas desaparecidas. Emma, no me había despertado, y ni siquiera me había hablado en clase. Después estaba el caso de Jack, es como si estuviera desaparecido, no lo había visto desde el día del baile. Y las hojas... ¿Quién había podido ser?

Cuando llegué a mi habitación, me puse a hacer los ejercicios que habían mandado y cuando terminé, tenía ganas de leer, así que de la estantería cogí Hush Hush, me había leído la saga una vez, pero tenía ganas de volverla a empezar desde cero y volver a enamorarme de Patch.
Me centré tanto en la historia que cuando miré el reloj, eran las cinco. Llegaba tarde.
Salí corriendo por la puerta y cuando giré la esquina para bajar las escaleras me choqué con alguien.

-Vaya, vaya. Tardona como siempre. 

-Lo siento, Steve, es que estaba...

-No hace falta que te disculpes.

-¿Qué haces aquí? Se supone que íbamos a la biblioteca.

-Sí, pero está llena y no cabemos. Iba a preguntarte si se podía en tú habitación.

-Ah, sí claro. Emma no sé donde está, así que no la molestaremos.-Empezamos a andar hacia mi habitación y me vino una pregunta a la mente.- ¿Y por qué no en la tuya?

-Simple, Ryan, mi compañero de habitación está haciendo el trabajo con Ash.

-Bueno, vamos.

Cuando entramos en mi habitación cogí la silla del escritorio de Emma para que se sentara.

-Bonita habitación.-Dijo.

-Emma es muy especialista en decorar habitaciones.-Reí, recordando el primer día.

Después de una hora haciendo el borrador, dije.

-He empezado a tener hambre. Voy al comedor y cojo dos bocadillos, ¿Te parece bien?

-Por supuesto.-Contestó.

Salí de la habitación y me dirigí al comedor. Cogí dos bocadillos, y como me llevaba bien con la cocinera, me dejó entrar en la cocina y preparármelos yo misma. Cuando terminé le di las gracias y subí a mi habitación. Cuando abrí la puerta, entré y cerré la puerta rápidamente. No podía creer lo que estaba viendo.

-¡¿Qué carajos te crees que haces?!




jueves, 12 de marzo de 2015

CAPÍTULO 37

No sabía muy bien que pensar, porque una parte de mí no quería que lo que pasó entre Jack y yo hubiese sido un sueño, pero entonces, ¿Qué sentido tenía que no estuviesen las hojas? Bueno, pensando un poco, si hubiese sido un sueño, solo debería faltar una, pero no las dos. Eso quiere decir que alguien las ha quitado de allí, ¿Pero quién? y lo más importante, ¿Para qué las quiere?
No tenía ni la menor idea de quien las podría tener, pero lo que si tenía claro, es que las iba a encontrar.

Entre Emma y yo terminamos de arreglar la habitación por la tarde, y después de ir a cenar al comedor, nos fuimos a dormir. Pero no entendía, el por que no había ido a cenar jack. Llevaba desde el sábado sin verlo. ¿Estaría arrepentido de todo?
Quedándome con la duda, me dormí.
Al día siguiente cuando me levanté, solo quedaban cinco minutos para llegar a clase, me había dormido y Emma no había sido capaz de  despertarme.
Mientras me cambiaba de ropa rápidamente y cogía la mochila, después de estar maldiciendo a Emma, salí de mi habitación, pero ya habían pasado ocho minutos desde que había sonado el inicio de clase.
Me tocaba Química, perfecto, el señor Cameron me iba a matar.
Toqué a la puerta, y como no me contestaron, entré en la clase. Las treinta personas que ocupaban las mesas, se giraron a mirarme, y la mirada asesina del profesor me hizo que me acobardara. 

-Señorita Brown, llega tarde.

-Lo siento. -Dije cabizbaja. 

-Sabes perfectamente que no soporto a la gente que es impuntual. 

"Perfecto, ya tengo a un profesor en mi contra lo que queda de curso." -Pensé.

La mayoría de la clase empezó a reírse y el profesor me miró aumentando su mal carácter. Al principio no entendía el por qué, pero despues me acordé de que todos los del internado eran ángeles caídos y podían leer pensamientos, cuando se les antojara. Perfecto. 
A mí misma me dije: Apunte mental, acordarme de pedirle a mis amigos que me ayudaran a controlar mis pensamientos.

-¿A qué espera?-Dijo el profesor. -Siéntese en su silla.

-¡Oh!, claro perdón.

Aún más avergonzada, fui hasta el final de la clase y me senté junto a la persona que menos ganas tenía de ver, Steve.

Solo sentarme el Sr. Cameron habló.

-Bueno como dije al principio de curso, cada vez que alguien llegaba tarde a clase se anulaba un examen.-Me alegré de haber llegado tarde por una vez, al menos me libraba de hacer un examen. Yo había llegado con el curso empezado y no sabía el por qué de quitar un examen por haber llegado tarde, no tenía sentido.-Ahora ya sabéis lo que tenéis que hacer, gracias a vuestra querida compañera Ana.
Todos me miraron enfadados. Yo no comprendía el por qué, así que le pregunté a Steve.

-¿Qué se supone que hay que hacer?

-Un trabajo y proyectos para final de curso, de todo lo que hemos dado,para después exponerlo, si no le gusta el resultado, suspendemos la evaluación.

Vale, ahora comprendía todo.

-Lo siento. -Dije avergonzada para toda la clase.

-Bueno, ya sabéis, hacer el trabajo y los proyectos, pero habrá un cambio, lo haréis con vuestro compañero de mesa.

Perfecto, dos trimestres enteros haciendo un trabajo con Steve, no podía ser mejor. Que se note la ironía.






miércoles, 11 de marzo de 2015

CAPÍTULO 36

Me desperté sin la ayuda del despertador asesino de gallos de Emma, eso no era un logro, era un milagro.
Me quedé tumbada por unos minutos, y me vinieron a la mente, imágenes de lo que había sucedido el día anterior, pero me parecían tan borrosas que no sabía a ciencia cierta si eran reales o era un sueño, entonces la única forma de saber si había pasado de verdad era...

Me levanté rápidamente de la cama y silenciosamente llegué hasta los cajones. Cuando fui a abrirlo una voz me asustó y cerré el cajón rápidamente, haciendo así que me pisara el dedo de la mano.
No pude evitar gritar.

-¡Ana! ¿Estás bien?-Me dijo Emma.

-Si, tranquila, solo ha sido el dedo.

-Vamos a enfermería y así te pone una pomada.

-No hace falta, estoy bien.

-Bueno, lo que quieras, pero se te va a poner morado.

-Mira que eres exagerada.

Después de ese pequeño incidente, Emma me dijo.

-¿Y si re-decoramos un poco la habitación y cambiamos la ropa del armario? Ya no hace tanto frío y además, parece que haya pasado un terremoto por esta habitación.

-En eso tienes razón. Pero antes deberíamos ir a desayunar, que tengo un hambre que no me aguanto.

Primero que nada, fuimos al comedor y desayunamos, como era temprano, éramos muy pocos los que estaban comiendo. Después de eso, empezamos a recoger y limpiar a fondo el cuarto, lo que nos llevó casi toda la mañana. Pero mientras tanto, no pude preguntarle una cosa.

-Emma, ¿Qué tal te lo pasaste con Ash?-Le puse cara de: cuéntamelo todo. Pero, no soy una cotilla, que conste. (¿Sarcasmo? Para nada).

No tardó ni un segundo en ponerse colorada.

-Pues... es muy...atento.

-¿Atento?-Dije sin comprender.

-Y romántico, y simpático, y gracioso, y... -Emma puso cara de soñadora.

-Y...-Dije levantando las cejas.-Y te has enamorado de él.

-Sabes que no es verdad. No puedes enamorarte de alguien a  quien ni siquiera conoces. Lo conocí el día de la excursión, y de eso hace dos días. 

-Bueno, eso es verdad. -Pero enseguida me puse a pensar en lo que había pasado ayer con... Espera, aún no había podido ver el cajón, ¿Y si lo de Jack había sido un sueño? Estaba tan borroso que no lo sabía seguro. Sin prestarle mucha atención a Emma me dirigí a ver si estaban las dos piedras. 
Cuando abrí el cajón, me quedé de piedra.

-¿Ana, Te pasa algo? Me estás asustando. -Preguntó ella, preocupada.

-No, solo que...

-¡Madre mía, Ana!

No sabía a qué se refería, hasta que vi su mirada clavada en mi dedo. Estaba hinchado y morado. Me había quedado tan en modo shock, que no me había dado cuenta del dolor.

-Vamos a enfermería, eso no tiene buena pinta.

Asentí, y salimos de la habitación en dirección a la enfermería. 

La enfermera Parker me puso una pomada antiinflamatoria y volvimos a la habitación.

Terminamos de recoger la habitación y me tumbé en la cama, pensando en lo que había visto en el cajón, o mejor dicho, lo que no había visto, porque no estaban ninguna de las dos hojas que había recogido. ¿Había sido todo un sueño?




martes, 10 de marzo de 2015

CAPÍTULO 35

Me encontraba en un lugar lleno de gente, de niños y niñas jugando con coches antiguos, mujeres con trajes largos y preciosos sombreros adornando sus cabezas, paseando con sus respectivos maridos adinerados, con sombrero y abrigos. 
No sabía dónde me encontraba, estaba totalmente perdida. Seguí andando hacia ningún lugar. De pronto un chico de unos 17 años se tropezó conmigo y al instante pidió disculpas.

-Oh, perdone. ¿Me compraría el periódico de hoy?

-Claro. -Y sin saber de dónde había sacado el dinero, se lo entregué.

-¡Gracias!-Dijo, y alegremente se fue a por su siguiente cliente.

No pude evitar sonreír al ver a ese chico tan alegre. ¿Por qué tenía la sensación de que lo conocía de algo? Dejé pasar esa ocurrencia y seguí andando.

Pasaron unos minutos y me senté a un bar en el que los hombres me miraban un poco raros. ¿Qué les pasaba a estos, es que no han visto nunca a una mujer en un bar?
Pedí un café y me senté en una de las mesas más cercana a la ventana que daba a la calle. Entonces se me ocurrió matar el tiempo de la espera de mi café leyendo el periódico que le había comprado a ese chico.
Cuando lo abrí, no me pude creer lo que estaba leyendo, ¡Era del año 1912!
Era imposible, ¿Cómo había llegado allí?
El camarero me trajo el café con mala cara y me lo empecé a tomar, intranquila. Con razón me miraban mal. En esa época las mujeres no estaban bien vistas en un bar a no ser que... Oh, ¡madre mía! Dejé el café en la mesa, le entregué el dinero rápidamente al camarero y me fui corriendo de allí.

Crucé un paseo enorme que iba dirigido a un puente. Pero antes de llegar, vi a un chico cogiendo del brazo a una chica, pero está se cayó en el río. No pude gritar ya que el chico del periódico me había tapado la boca con su mano. 

-Te soltaré si me juras que no vas a gritar.- Asentí y me soltó.

-¿Por... por qué ese chico a...-Dije asustada.

-Tranquila, siempre le pasa lo mismo.

Fruncí el ceño sin entender nada. 

-¿Cómo que siempre le pasa lo mismo?

-Ese chico del que huía es muy peligroso, por su culpa está así. Nunca escapará de esa tragedia. Siempre morirá.

Abrí los ojos de repente y me di cuenta que estaba a escasos milímetros de los labios de Jack. 
¿Todo había sido un...sueño?

-¿Estás bien?-Preguntó preocupado.

-Sí, claro, emmm... tengo que irme, lo siento. 

Me fui andando, destrozada hacia mi habitación, pero no sin antes encontrarme con otra hoja junto a mis pies, antes de subir los escalones. La cogí y cuando llegué a mi habitación la guardé en el mismo sitio que tenía la otra.

Me puse el pijama y me tumbé en la cama. No pude parar de pensar en el rostro entristecido de Jack, cuando me fui sin haber podido comentarle nada de lo que había ocurrido. Después de lo que me había demostrado, no había sido capaz de nada más que de irme a mi habitación. Seré cobarde. Lo peor de todo, es que ese beso había cambiado todos mis sentimientos hacia él. Y después de un cosquilleo que recorrió mi espalda de arriba a abajo tras pensarlo, caí en los brazos de Morfeo. 

lunes, 9 de marzo de 2015

CAPÍTULO 34

La miré con desagrado, desde que la conocía nunca me había caído bien, tenía siempre una extraña sensación, de que la conocía de algo, pero no sabía de que. Lo que si sé, es que me ha mentido al igual que Jack sobre ellos, y además llevaba un vestido idéntico al mío, eso me enfadó un poco más. Vale, estoy exagerando un poco con lo último, pero es que se trata de Amy, ¿Vale? Dejadme en mis pensamientos. 

Cuando Amy me vio, no parecía alegrarse mucho de mi presencia. Se acercó por detrás del banco y pasó sus manos por el cuello de Jack, abrazándolo. 

-Venga Jack, vamos a bailar, seguro que Steve la está buscando. -Recalcó la palabra Steve y Jack se puso tensó, se separó de los brazos de Amy, por lo que ella se sorprendió.

-Amy, para. Ya lo sabe.

Ella al escuchar eso, se le descompuso la cara.

-¿Cómo que ya lo sabe? ¿Qué es lo que le has contado?

-Que tu y yo no...

Amy abrió los ojos como platos, pero no solo había sorpresa, si no que sus ojos empezaban a brillar, pero era un brillo triste que en un par de segundos se transformó en lágrimas.

-Amy, ya sabes que...-Dijo él, con tono de preocupación.

-Vete a la mierda, Jack.- Y después de decir eso se fue corriendo.

No entendía muy bien lo que acababa de pasar, pero lo único que tenía en claro, es que a Amy no le había gustado la idea de que yo supiese la verdad. 
Pero al menos, ya no estaban ocultándome nada más, o eso creo. Ya me estaba cansando de todo esto, de que todos me trataran como una niña y no me dijeran la verdad, eso me hacía sentir como si no confiaran conmigo. Como si nadie de mi alrededor me quisiera. 

Miré a Jack y hablé.

-Bueno, me voy, que seguro que Amy tenía razón y Steve estará buscándome como un loco.

-Si, claro. Ve con tú pareja.

Noté un poco de sarcasmo en esas palabras, pero lo ignoré y seguí mi camino hacia el interior del internado.
Estaban todas las parejas de baile alrededor de la pista, vi a Emma y a Ash muy alegres bailando. De pronto noté unas manos cogiéndome de la cintura, me di la vuelta un poco incómoda y vi a Steve, me sonrió y le devolví la sonrisa un tanto preocupada por lo que había pasado antes.

-¿Bailarías conmigo?- Se notaba que había bebido más de la cuenta, pero no le iba a decir que no justo después de haberme ido por mi cuenta sin decirle nada y dejándolo solo sin pareja de baile.

-Claro, ¿Si no bailo con mi pareja, que dirían?

Nos reímos los dos y bailamos una canción lenta. Pero no tenía una buena sensación bailando con él, algo en mi interior me decía que me apartase. Pero si lo dejaba ahí plantado, quedaría muy mal. Así que solo terminarse la canción me separé de él con la escusa de que quería hablar con Emma. Empezó a sonar una canción más animada. Me acerqué a mi amiga.

-¡Ey, Ana! ¿Cómo te lo estás pasan...-Empezó a decir Emma, hasta que miró tras de mi un poco alucinada, así que me giré y vi a Steve besando a la primera chica que había pasado por su lado.- Ya veo que tú acompañante no pierde el tiempo.

-Déjalo que haga lo que quiera. Así mejor, y se olvida un poco de mí.

-Eso es un poco complicado.

No entendí mucho eso último, pero cuando le iba a preguntar sobre ello, Ash se la llevó a bailar.
Como me quedé sola, sin saber que hacer, y un poco confusa, salí fuera.

No pude evitar oír el final de la discusión que tenían entre manos Jack y Amy.

-Pero Amy...-Mientras que Jack la cogía del brazo.

-¡Te he dicho que me dejes!-Pegó un tirón y se soltó del agarre de él.

Cuando ella desapareció tras la oscuridad me acerqué hacia él.

-Tranquilo, seguro que se le pasa.

-No lo creo.

-A ver, es que es normal, Jack. Yo también me habría enfadado.

-Pero, ¿Por qué? Es que no lo entiendo.

-Pues por lo que le has hecho. 

-¿Qué se supone que le he hecho?

-Abandonarla.

-No hables sin saber, Ana. 

-Hablaré lo que se me antoje. No sabes lo que duele que alguien te mienta de esa manera.

-Primero, yo no la he abandonado en ningún momento. Y segundo, no me hables de que no se lo que se siente cuando te mienten, porque no eres la más adecuada. 

Me estaba poniendo cada vez más nerviosa. Este chico, siempre me sacaba de mis casillas.

-Ella ya sabía lo que podía pasar, que no se hubiese entrometido en todo esto. 

-¡¿Entrometerse en qué, Jack?! 

Al no obtener respuesta alguna, me giré para ir directa a mi habitación, no aguantaba discutir así con él, y tampoco tenía ganas de que me viera llorando. Cuando ya llevaba andando un buen trecho me cogió del brazo, me dio la vuelta haciendo que me quedara enfrente de él.

-Entrometerse entre nosotros.

-¿Qué...-Me cogió de la cintura y me besó. No me dejó terminar la frase, me había callado con un beso.


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