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sábado, 31 de enero de 2015

CAPÍTULO 8

                ---Después de unos minutos, u horas...
Abrí los ojos, estaba tumbada en una cama que no era la mía. Observé mi alrededor, era una habitación con las paredes de color rosa pálido, estaba decorada con cuadros infantiles, con muñecas y con millones de peluches.
Parecía la típica habitación de una niña de unos 8 años.
Oí voces detrás de la puerta y me acerqué para escuchar. 

-¿Cuánto tiempo va a estar inconsciente?-Era la voz de Jack.

Me acordé entonces de lo que había pasado. Estábamos en la casa de Amy porque Jack me había dicho que teníamos que hablar de algo, pero no entendía el por qué estaba en esa habitación; ¿Qué había pasado? Todo era borroso en mi mente.

-No tardará en despertarse. 

-Había otras maneras de solucionarlo. No era necesario que le tirarás esos polvos en el té.

¡Ahora me acordaba! Después de beber un trago de té, me había desmayado. Había sido por su culpa. Me venían a la cabeza las últimas palabras que me había dicho la Amy enfadada.
Me había dicho que me alejara de Jack, porque ella lo conocía mejor que yo.
Sólo de pensar que me había intentado envenenar, me entró el pánico y busqué una salida rápida para poder huir del peligro. Busqué por la habitación una vía de escape. Vi una ventana y vi que solo estaba a unos palmos del suelo, así que no me lo pensé dos veces: me senté encima de la repisa y me dejé caer en la hierba.
Seguí corriendo hasta cruzar el puente, me giré y como vi que no se habían dado cuenta de mi fuga, seguí corriendo hasta que pasé todo el bosque y lo dejé atrás. 
Entonces pensé: "Pero, si yo he venido hasta aquí en moto, ¿Cómo voy a volver?"

No me quedó más remedio que ir andando hasta la entrada de la ciudad y buscar un taxi, para que me llevara a casa.

             ---Mientras tanto, en la casa del bosque---

- Jack, no había otra manera. No me parece bien que lo sepa aún y encima que se lo digamos nosotros. Eso lo tiene que descubrir ella sola, por su cuenta. Como lo hicimos nosotros.

-Entonces, ¿Para qué nos has hecho venir?

-Para saber quien es, y así tenerla vigilada.

-Venga va, como si no la conocieras.

-Bueno vale, sí, la conozco. Pero ya sabes...

-¡Amy, no! ¿Cómo quieres que te diga que me dejes en paz? Ya sabes que la quiero a ella. Que llevo buscándola desde hace mucho tiempo, y ahora que por fin la he encontrado, no voy a dejar que esos me la vuelvan a quitar.

Amy se quedó callada y bajó la vista, rendida. Al final dijo:

-Venga vamos, ya falta poco para que despierte. 

Se encaminaron a la habitación y cuando la abrieron Jack no pudo contener un grito ahogado. Y Amy abrió los ojos como platos.

-No puede andar muy lejos, ¡vamos!

-Pero, no sabemos cuanto tiempo hace que se ha despertado. -Dijo ella.

-Cállate y ayúdame a buscarla; seguramente habrá vuelto a casa. 

-¿Habrá oído nuestra conversación?

-No creo.

-¿Y si la han cogido?

-Ya te lo he dicho, no podría soportarlo. 

-No es para tanto, Jack.

-Mira te voy a dejar una cosa clara. Si no llega a salvo a casa, no vuelvas a dirigirme la palabra. Todo esto ha sido por culpa de tu idea y de tus celos. Así que, empieza a re... 

-A rezar no, Jack, a rezar no.

Y salieron disparados de la casa. 



viernes, 30 de enero de 2015

CAPÍTULO 7

-¿Qué quieres decir con que estoy madurando? Escuchar voces en mi mente, no es para nada madurar, es estar loca. Motivo suficiente para hacerle caso a mi hermana e irme inmediatamente a un especialista. Y esto, también va por ti.

-Ana, para personas como nosotros, esto es el pan de cada día. Así que ve acostumbrándote.

-¿Personas como nosotros? ¿Pero qué te has tomado?

-Lo vas a descubrir antes de lo que tú te crees.

-¡Otra vez con eso! Que sepas que me parece rastrero que siempre me digas lo mismo, que dentro de poco sabré todas las respuestas a mis preguntas; no es justo que me digas eso sin que sepa de que me estás hablando.

-Te digo yo que dentro de unos días verás una señal. Ya queda poco.

-Mira que eres misterioso, Jack. Pareces un anciano que da todo tipo de pistas, pero no las suficientes, para desvelarle el final de un cuento a un niño. 

-Venga, ven. Quiero presentarte a alguien.

Mientras seguíamos andando, Jack y yo estuvimos hablando sobre el instituto y los trabajos que nos habían mandado; y así, evitar todo lo ocurrido.
Después de cruzar un pequeño puente que, en vez de cubrir un río, cubría matojos de hierba seca, vimos una casa de campo pequeñita; fuimos andando hasta ella y Jack dio unos golpes bastante fuertes a la puerta de madera. Unos instantes después una chica, esbelta, alta, rubia, con ojos verdes y una sonrisa encantadora.-"Venga va, ¿Y qué más?"-Pensé.- Nos abrió la puerta.

Nos hizo un gesto para que entráramos en la casa y dijo.

-Ya era hora de que llegaras, Jack. Estaba impaciente por conocerla. Tú debes ser Ana ¿Verdad? -Ladeó la cabeza con gesto cariñoso y continuó.- Yo soy Amy, encantada de conocerte.

-Igualmente, Amy.

Le dirigí una mirada a Jack para que me dijera de qué iba todo esto, captó mi mirada y dijo.

-Ana, esta es Amy, la chica...-Parecía nervioso.

-La chica con la que está saliendo. -Remató ella, sonriente.

-Anda... no me habías comentado nada de esto antes.

-Aún te falta mucho para conocerlo como yo.-Lo dijo en tal tono, que parecía que podía cortar el hielo de tanta tensión.

No supe qué contestar, así que di por terminada esa conversación. Mientras, Jack parecía la persona más tranquila del mundo. 

"Claro, es su novia. ¿Por qué debería de estar nervioso?-No pude evitar pensar eso. 

"Sí, es mi novio. Así que intenta mantenerte alejada de él". 

¡Esa voz era de Amy! Y ya no parecía una voz agradable como la de la presentación. Pero, si la había oído en mi mente. ¿Ella también era como había dicho Jack, una de nosotros?

No tenía ni idea, ni de qué estaba pasándome, ni de qué demonios me estaba convirtiendo.

Al verme pálida, Jack me miró a la cara y me dijo.

-¿Estás bien?

-Claro que está bien.-Intervino Amy. Ahora con un delicioso té de los míos se le alegra esa cara de susto que tiene. A saber qué le habrás dicho para que esté así la pobre.

-Pues nada, ¿qué le voy a decir? Eres tú, que intimidas.

Cuando Amy se fue a la cocina a preparar el té, Jack me miró con una mirada que decía que me tranquilizara. Como queriendo decir que Amy era de fiar, que confiara en ella, cosa que yo, precisamente, no pensaba igual.

Cuando volvió a la sala, en la que estábamos sentados, vino con una bandeja llena de dulces y tres tazas de té.

-Bueno, empecemos ya con el tema de por qué he traído a Ana.

Yo no sabía de qué iba a ir todo eso. Así que di un sorbo al té para ver si así me podría relajar un poquito más.
Pero lo que no sabía era que me iba a relajar demasiado. Poco a poco, notaba que se me cerraban los ojos.

-¿Ana? ¿Qué pasa?.-Un segundo después, me desmayé.

 Y oí a Jack gritando como si estuviese a kilómetros de mí.

-Pero, ¡¿Qué demonios has hecho, Amy?!






jueves, 29 de enero de 2015

CAPÍTULO 6

Íbamos en la moto por toda la ciudad; sinceramente no había subido nunca en ninguna, ya que a mi hermana no le parece segura, y la verdad, es que es una experiencia increíble; Notar como el viento te da en la cara constantemente, me hizo sentir libre; por unos minutos me olvidé de todo lo malo que había pasado y disfruté del momento.

Vi que Jack cogió un camino que llevaba a las afueras de la ciudad, pero no le dije nada hasta que llegamos a un descampado que daba la entrada a un enorme bosque. Cuando bajé de la moto, se ve que me vio como a una niña que le acaban de dar una bolsa enorme de golosinas, porque me dijo:


-¿Y esa cara? Cualquiera diría que no has subido nunca en una moto.

Creo que le quedó bastante clara la respuesta al verme avergonzada.

-Así que es eso. No me puedo creer que no hayas subido nunca en una... bueno, aunque conociendo a tu hermana, no sé de qué me extraña. ¿Y qué?, ¿Cómo te has sentido?- Lo dijo en un tono sarcástico, pero le contesté con toda la seriedad del mundo.

-Libre. Me he sentido libre como un pájaro que puede volar en cualquier momento que se le antoje. Ojalá pudiera ser un pájaro y escapar cuando todo se derrumba a mi alrededor.

La reacción de Jack fue inquietante. Como si no le hubiese gustado esa respuesta.

-No sabes lo que dices.

-¿A qué viene eso ahora?

-Viene, a que eres tan ingenua, que no te das cuenta de lo que pasa a tu alrededor.

Nos quedamos en silencio un buen rato mientras íbamos adentrándonos en el bosque, pero no tardé en cortar el silencio.

-¿Por qué dices que soy una ingenua? 

-Porque piensas que los que han estado siempre a tu lado, son los que te cuidan.

-A ver si te entiendo, ¿Me estás intentando decir que tú, que me conoces de anoche, que por una vez que me has salvado, me cuidas mejor que mi hermana, que ha estado siempre conmigo? Tú no estás bien.

-Pues no estaba intentando decir eso, pero en parte tienes razón.

-Sí, y aún querrás tener razón.

-Sabes que la tengo, pero no lo quieres admitir. Una buena hermana no llamaría a un psicólogo así porque así, y encima sin tu consentimiento.

-Voy a decirte dos cosas. La primera: es mi hermana, y cree que es la mejor solución. Y la segunda: ¿Cómo sabes que ha llamado a una Psicóloga, si tú ya te habías ido de casa?

Este sabelotodo, no parecía tener en cuenta este tipo de situaciones.

-Tengo mis contactos.-Lo dijo tan misterioso que no pude contener una risita ahogada.

-Luke, ¿No?.- Cerré los ojos y levanté las cejas, como diciendo: Era tan obvio, que ahora pareces ser tú el ingenuo.

-¿Perdón, me has llamado ingenuo?

Me quedé blanca, estaba completamente segura de que no lo había dicho en voz alta.

-¿Cómo demonios has sabido lo que pensaba?

Hizo una sonrisa ladeada y lo oí decir:

-Menos mal, ya vas madurando.- Ahora sí que me quedé de piedra. Porque no era la primera vez que oía voces que me hablaban sin que la otra persona moviera los labios. Pero esta vez no era un sueño, era real.



miércoles, 28 de enero de 2015

CAPÍTULO 5

Desde el momento en que lo escuché, noté como poco a poco empezaba a sonrojarme. 
"No puede ser que me acabe de decir eso, si ni tan siquiera admite que me conoce".-Pensé
Entonces me acordé de que tenía una pregunta pendiente.

-Jack, ¿Por qué no admites delante de Lizz y de Luke que me conoces?

-Para eso no te hace falta mi ayuda, dentro de poco, averiguarás por ti sola, las respuestas a todas tus preguntas.

Y sin decir nada más, se levantó de la cama, y se fue a su habitación.
Después de que se largara, no conseguí dormir. No podía dejar de pensar en cada gesto y cada palabra que me había dicho. No lograba comprender por que era peligroso estar en esta casa.
Pero después de darle vueltas a todos esos pensamientos que me hacían tener los pelos de punta, me acordé de que él también había pasado por todo esto, y que, si tanto le importaba, y me decía que haría todo lo posible para que siguiese teniendo esos sueños horribles; tan malos no podían ser. ¿O era él el que quería hacerme sufrir?

Después de horas y horas de desvelo, se hicieron las 07:00 y me levanté para desayunar.
Cuando bajé a la cocina, ya estaban todos sentados.
Me preparé un vaso de leche y me senté junto a ellos. Mientras Luke me pasaba las galletas, Jack cortó el silencio.

-Lizz, ¿tú sabías que tu hermana es sonámbula?

En eso no había caído yo, nunca me había pasado nada igual, después de cuatro meses con esa pesadilla. Era la primera vez que me pasaba.

-Pues no. ¿Por qué?

-Pues, porque si no llego a entrar en su habitación, después de haberla oído hablar sola, ahora estaría...

-Bueno, ¡ya está bien!- Intervine.

-No, no está bien. ¿Qué ha pasado?

-La cogí justo antes de qué se tirara por la ventana.

El rostro de mi hermana se había vuelto pálido. Y a Luke se le cayó la galleta que tenía entre las manos. 

-¡¿Qué?! - Del grito que dio mi hermana, noté cómo se encogía mi cuerpo. Después de eso, mi hermana intentó relajarse y dijo- Ana, ¿Otra vez esa pesadilla?

-Sí.- Dije con tono asustado.

-¡Se acabó! Te voy a llevar a un especialista para saber qué te pasa; no es normal que lleves cuatro meses con esa pesadilla. 

-Pero Lizz, me van a tratar de loca.

-Loca ¿Por qué? ¿Por tener pesadillas que no me dejan vivir tranquila, sabiendo que en cualquier momento puede pasarte algo?

-¿Qué has dicho?- Para mi sorpresa, el que había hablado era Jack.- ¿Que la que no vives tranquila eres tú? Está claro que no eres tú la que está pasando por lo de Ana. Mira, te conozco desde hace unas horas y lo siento mucho por decirte esto, pero veo tus intenciones y se por dónde vas. Principalmente, la loca eres tú por sobreproteger tanto a tu hermana, por decir tonterías fuera de lugar y...

-Jack, tranquilo.- intervino Luke.

-No, déjame terminar. Lizz, tu hermana no necesita ningún especialista.

-¿Y tú qué sabes?

-Porque mi padre pasó por lo mismo.
"És él, el que pasó por todo esto, ¿Por qué no admite nada delante de Lizz?"- Pensé.
Pero bueno, yo no soy nadie para impedírtelo. Eres su hermana y yo un entrometido. Pero sólo digo lo que pienso.

-Pues mira sí. Eres un entrometido que no sabes ni de lo que estás hablando, que acabas de llegar a nuestra casa por si no te acordabas, y que estás a punto de irte como sigas tratándome de esta manera.

-¿Tratarte? No eres el centro del mundo ¿Sabes? Sólo he defendido a tu hermana porque sé que se pasa mal. Y por cierto Ana, no estás loca.- Se levantó de la silla, me revolvió el pelo con su mano, y sin decir nada más se fue de casa.

Justo después de desayunar, recogimos la mesa, subí a mi habitación para prepararme todo lo que tenía que llevarme al instituto y, bajando por la escalera, escuché a mi hermana hablando por teléfono. Me acerqué cuando colgó y dije.

-¿Quién era a estas hora de la mañana?

-He llamado yo, esta tarde a las 17:20 tienes cita con la Psicóloga.

-Gracias por haberme consultado antes. -No dejé ni que me contestara, me dirigí a la puerta de entrada, la abrí y cerré con un portazo.

Después de decirle a Karol y a Mel que anoche el sobrino de los Stuart y  un compañero suyo se habían instalada en mi casa y decirles toda la discusión de esta mañana por culpa de las pesadillas, nos fuimos las tres a comer a un pequeño comedor que había en el instituto para los alumnos que quisieran estar más cómodos.

Ya eran las 16:50, así que me despedí de mis amigas y salí del instituto. Oí que me llamaban, así que me giré y vi a un chico subido en una moto. Al aguzar la vista vi que era Jack, así que me acerqué.

-¿Qué haces aquí?

-Recogerte.

-¿Ya os habéis arreglado mi hermana y tú?

-¿Por qué dices eso?

-Pues porque veo raro que, después de todo lo que os habéis dicho esta mañana, te dijera que vinieras a por mí, y encima en moto, con lo que las odia.

-No he dicho en ningún momento que me haya dicho que te recoja.

-Entonces, ¿Qué haces aquí?

-Salvarte por segunda vez en menos de 24h. Creo que me merezco un premio. Venga sube.



martes, 27 de enero de 2015

CAPÍTULO 4

Cuando me vi en sus brazos, empecé a moverme para que me soltara. Pero no funcionó; me llevó hasta la cama en brazos, para que me sentara. Cuando estuve sobre el colchón, no pude contener la rabia que llevaba dentro, así que empecé a gritarle.

-¡Tú! Pero, ¿Qué te he hecho yo a ti, para que antes me hayas dejado en evidencia delante de todos? y ahora... ahora... qué pasa, ¿Qué te he dado pena en el último momento?

-¿Encima vas a enfadarte conmigo por haberte salvado la vida? Tranquilízate de una vez.

-Pero, ¿Cómo quieres que me tranquilice, cuando has sido tú el que ha empezado a perseguirme? A ver, dime, explícate, ¡¿Cómo demonios  has salido de ese puñetero cuadro?!
-Señalé con el dedo hacia el trozo de pared en el que apenas unos minutos antes estaba colgado el cuadro del árbol, de donde había salido él. Pero cuando empecé a calmarme, pensé: 
"Pero si yo sólo veo ese cuadro en sueños... ¿ha sido un sueño? Entonces... entonces no ha sido él quien ha querido matarme. Pero parecía tan real..."
La verdad es, que esperaba una reacción diferente, ya que ahora era yo, la que le estaba llamándo mentiroso. Pero, para mi sorpresa, suspiró y mantuvo la calma.

-Ana, por favor, cálmate y explícame qué ha pasado. 

No sabía por dónde empezar a contarle todo lo que me pasaba; además, no lo conocía de nada, seguramente me tomaría por una chalada. Pero no se por qué, pero esa mirada me transmitió tanta confianza, que caí rendida a sus pies. Así que empecé de la mejor manera que sabía: Empezando desde el principio.

-Mira, llevo 4 meses soñando lo mismo; yo, sola en una habitación oscura, y un cuadro de un árbol que las ramas forman un dibujo, hasta esta noche no había avanzado, siempre me quedaba en el mismo punto del sueño, justo después de que me hable una voz y que me diga que no estoy segura aquí y que debo marcharme, justo ahí, siempre me despierto. Pero hoy no, hoy el dibujo formado por ramas de árboles ha cobrado vida y se ha convertido en una persona, me he asustado y quería huir... así que...
-Me puse las manos en la cara y empecé a llorar, no me podía creer que si él no hubiese llegado a tiempo, ahora mismo podría estar herida, o mucho peor: muerta.
Sin poder decir nada más, Jack, me levantó de la cama, me miró y sin apartar sus ojos de los míos, me atrajo hacia sí y me abrazó. Fue un abrazo dulce, lleno de sentimientos e incluso diría yo que de comprensión, pero lo retiré enseguida de mi mente, era imposible que un chico duro y orgulloso como él, le hubiese pasado ni la tercera parte de lo que estaba pasando yo en estos momentos.
Pero como si me hubiese leído el pensamiento, me separó de él, posando las manos en mis hombros y dijo:

-Lo sé, sé lo que estás pasando, porque a mí me pasó lo mismo.

Me quedé de piedra.

-¿Tú has pasado por esto? 

-Sí, y la verdad es que no es para nada agradable. Pero fue hace mucho tiempo. 

-Y, ¿Qué hiciste para dejar de tener estas horribles pesadillas?

-Si te digo la verdad, prefiero que tengas esas "horribles pesadillas".

Me quedé paralizada. "No lo está diciendo enserio".- Pensé.

-¡Pero tú no estás bien de la cabeza! 

-Créeme, lo preferirás. Y voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que sigas teniéndolas. 

Jack estaba serio, y eso me preocupaba. Se que no habíamos empezado con buen pie, pero de ahí, a que me deseara el mal... había un rato largo.

-Qué barbaridades dices. ¿por qué me dices eso?

-Porque me importas.





domingo, 25 de enero de 2015

CAPÍTULO 3

Allí estaba yo, de pie, con el pelo suelto y dejando un charco, a causa de cada gota que caía al suelo.
Me quedé paralizada, sin saber qué decir. ¿Cómo podía ser que se complicaran las cosas cada vez más?
Lizz apareció detrás de mí y posó su mano en mi hombro.

-¡Lizz! No te habría conocido si no fuera porque tienes esos ojos que enamoran a cualquiera. -Dijo Luke.

-Emm... Luke, deja de hacer la pelota, y empieza a explicarte.

-Pues, ¿Qué quieres que te diga? Que decidí cursar el último año de instituto aquí, para poder estar más tiempo con mis tíos.-Siguió hablando mientras iba entrando en la casa.- Pero creo, que he tenido un golpe de suerte al irse ellos y tener que vivir con vosotras.
"Madre mía, lo que vamos a tener que aguantar."- Pensé.

-Luke, sabes perfectamente a que me refiero. ¿Quién es éste?

-Ah! cierto, ya se me olvidaba. -Se dio la vuelta hasta que se quedó mirando al causante de mi paralización.- Éste es Jack. Mi acompañante.- Y lo dijo como si nada. Como si fuese ya añadido en el paquete de traslado.

-Pues, lo siento mucho Luke, pero ya he aceptado a regañadientes acogerte en nuestra casa, como para que ahora tengamos a uno más, y encima no lo conocemos de nada.-Dijo mi hermana.

-Bueno, conocerlo, lo que es conocerlo no, pero...-Dije en un susurro.

-¿Lo conoces?- Dijo Lizz, un tanto sorprendida al no conocerlo. - "Como os decía antes, de tanta sobreprotección, tenía vigilados a cada uno de mis amigos. Y, a saber la historia que se estaba montando en estos momentos".

-Em, sí, se podría decir que sí.- Jack abrió los ojos violáceos como platos y dijo:

-¿Ah, sí? ¿Yo de qué te conozco?- Me quedé estupefacta. "¿Cómo puede ser que me esté dejando en evidencia delante de todos?"

-Pues, mira a ver este moratón, si te refresca un poco la memoria... - En ese momento, mi hermana se dio cuenta de por dónde iban los tiros y me dio un apretón en el hombro, que yo aparté enseguida.

-¿Pero qué dices? Si te conociera, me acordaría, se me quedan bastante las caras.

-Bueno, déjala ya, Jack. Se habrá equivocado de persona, ya está.-Dijo el sobrino de los Stuart.

-Cambio de planes.-Mi hermana mostró una de sus perfectas sonrisas y yo pensé. "Oh, no. Ese cambio de planes de Lizz, me da mala espina."- Jack se puede quedar. Pero sólo hasta que consigáis dinero y podáis alquilar una casa.
-Muchísimas gracias, ojos bonitos.-Dijo Luke.

Mientras ellos subían al piso de arriba a dejar las maletas, me acerqué a mi hermana y le cogí el brazo con fuerza.

-¿Pero qué demonios te pasa? Ya te he dicho que no se ha portado bien conmigo esta mañana; por su culpa me duele todo.

-Ana, ¿no lo has oído? 

-¿El qué?

-Pues que no es él, que ya te ha dicho que no te conoce de nada. Y creo que tropezarse con alguien no se olvida fácilmente.

-¿Me estás llamando mentirosa? O mejor aún, ¿crees a uno que ni sabes quién es, antes que a tu hermana?

-Pero, Ana. Un despiste lo tiene cualquiera.

-¡Déjame! -Le solté el brazo, y me fui corriendo al baño para terminar de secarme el pelo. 

Después de media hora salí del baño y entré en mi habitación. Ahora lo tendría pegado, literalmente, a la habitación de al lado. Lo que no entendía era, ¿Por qué no admitía qué me conocía?
Mientras hacía los ejercicios que habían mandado para el próximo día, escuché a mi hermana gritar desde abajo para que saliese a cenar; aunque le contesté que no tenía hambre, me moría por comer algo, pero era mejor aguantarme las ganas de cenar con tal de no verle la cara a ese mentiroso.
Así que cuando terminé los deberes, me metí en la cama. 
Estaba tan agotada, que al segundo de tocar el colchón me quedé frita.

Me levanté de la cama y me quedé de pie en mi habitación, sólo entraba un halo de luz, provocado por la luna. Fui a abrir la puerta de mi habitación para comer algo, pero estaba cerrada, así que empecé a gritar y gritar con todas mis fuerzas, pero es como si me hubiese quedado muda, no salía ni una sola palabra de mi garganta. Cuando me giré, vi el cuadro de ese árbol que ya había soñado tantas veces, y el dibujo que formaban sus ramas se convirtieron en una persona. La silueta salió de éste y empezó a acercarse hacia mí.
No paraba de decir siempre lo mismo:
-No estás en buenas manos, debes irte, y no volver jamás.-Aunque yo sabía que me lo estaba diciendo esa persona a la que no lograba verle la cara, sus labios no se movían.

Fui corriendo hacia la ventana para saltar y poder escapar de esa situación.
Con rapidez, me encaramé a la ventana y con manos temblorosas la abrí. Puse los pies encima de la repisa, y cuando iba a saltar, algo me cogió en brazos.
Cuando abrí los ojos dijo:
-¿Estás bien?





CAPÍTULO 2

Estábamos en la clase de matemáticas y, desde el momento que entramos, ya estábamos haciendo la cuenta atrás para poder irnos a casa. Sólo quedaban 2 minutos, y se estaban haciendo los 2 minutos más largos de mi vida. Después de que Edu (una de las víctimas de la encantadora Karol) le enviara cada dos por tres notitas y ella pasara de su cara, sonó el timbre. 
Digamos que el profesor le dijo los ejercicios que teníamos que entregar el próximo día a las moscas, porque salimos disparados en menos que canta un gallo.
Mel, Karol y yo, salimos como cohetes por la puerta del instituto cuando, de pronto, me choqué con alguien y caí de bruces al suelo. "Menuda racha llevo con esto de caerme"- pensé.
Cuando me levanté, vi a medio instituto riéndose, y la verdad es que no les culpo. Pero, ¿Por qué siempre hay algo o alguien, en este caso, que te estropea el primer día de clase?
Sí, vale, yo soy la que estaba corriendo por el pasillo, pero a ver, que los otros tengan cuidado si ven a una que va a atropellarles. Cuando me giré, lo primero que dije fue:

-¿Pero tú no ves por dónde...?-al segundo, quise borrar lo que acababa de decir; un chico alto, moreno, con ojos violáceos y... todo lleno de tatuajes "Pero, ¿por qué tienes tan mala puntería, Ana? Siempre te pasa algo que sólo pasa en películas románticas y vas tú y te toca la oveja negra de la familia, osease el chico malo que pasa de tu cara".

-¿Perdona? Eras tú la que iba como un gato persiguiendo a su presa... a lo mejor... espera ¿era yo tu objetivo?.- Pues eso, como yo decía: el chico malo pero encantador al mismo tiempo. Como no, puso la típica cara de niño travieso que piensa que se ha salido con la suya. Y yo, como me llamo Ana Brown, no iba a decaer hasta ahí, así que mantuve mi compostura como si tuviese toda la razón del mundo.

-Ey! Espera. Tú eres el raro del instituto al no salir disparado a última hora de clase. Además, al ser mi presa, una rata según tú, deberías ir a toda leche.

-Mira, deja de entretenerme con tus tonterías, que al final perderé el autobús por tu culpa.

Y así me quedé, planchada, como una estúpida, al no saber qué decirle para defenderme. Puso la mano en mi hombro, me apartó como algo que impidiese su paso y sin decir nada más, desapareció tras la multitud.
Al seguir andando hacia la parada de coches, donde se encontraba mi hermana esperándome, me di cuenta de que mis amigas se habían ido con el autobús sin despedirse de mí, o peor aún, no sabían ni que me había caído por culpa de ese creído.
Fui hacia el coche intentando borrar la cara de enfado que llevaba, pero cuando alguien ha estado cuidándote desde pequeña y te conoce mejor que tú misma, no hace falta ni intentar esconderte. Básicamente porque te lo van a sonsacar.
 -A ver, cuéntame ¿qué tal el primer día?
La fulminé con la mirada.
-Pues nada fuera de lugar, sólo que deberían prohibir las  clases de matemáticas a última hora, cuando todo el mundo se muere de hambre.
-Ya, eso es verdad, pero no te preguntaba por las clases prohibidas de matemáticas, sino por el chico ese tan...
-No empieces Lizz.
-No me digas eso, porque a 20 metros de distancia que hay desde el coche a la puerta del instituto, se te ha visto la cara más roja que un tomate y te digo yo que no ha sido precisamente de la caída. 
" Ya empezamos con la sobreprotección".- Pensé.
-Pero si no sabía hasta hace unos 10 minutos que ese creído existía. Se ha cruzado por delante y me ha hecho caer, será estúpido.
- Y que, ¿cómo se llama?.-me miró y levanto las cejas. Esas caras de mi hermana las aborrecía.
-¡Y yo que se! No me hace falta saberlo.
-Mira que eres tonta, el destino te provoca una caída con un chico guapo y tú sin presentarte. 
Ya me estaba empezando a cabrear esa estúpida discusión, así que cambié radicalmente de tema.
-¿Qué hay de comer?.- mi hermana suspiró y finalmente dijo:
-¿Qué voy a hacer contigo...? Hoy iremos a casa de los Stuart a comer, así que no sé lo que habrá.
-¿Y eso que vamos allí?
-Me ha llamado el Señor Stuart para que vayamos porque Sofi nos quería comentar una cosa.-Sofi, era la señora Stuart.
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Cuando Sofi sacó el postre, empezó a hablar sobre un chico.
-Lizz, querida, te acuerdas de Luke?
-¿Vuestro sobrino?
-El mismo. 
-Pues la verdad es, que hace muchos años que no lo veo, ¿por qué?
-Es que me ha llamado esta mañana y me ha dicho que vendría a vernos para pasar una temporada con nosotros, pero resulta que tenemos un viaje que nos regalaron para celebrar las bodas de oro, y no lo podemos rechazar; así que quería preguntaros si puede quedarse con vosotras, no os vendrá mal, además os ayudará en lo que haga falta, es un buen chico.
-Pues, no se, Sofi. Tampoco es que lo conozcamos mucho.
-No digas tonterías, Lizz.  Mi sobrino tiene 18 años, ya no es un niño, y tiene tres dedos de frente, sabe lo que se hace.
-Bueno, vale, ¿pero será durante mucho tiempo?
-No, tranquila. Cuando gane un poco de dinero, alquilará una casa.
Y después de que mi hermana accediera a llevar a un desconocido a nuestra casa, nos fuimos.
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Cuando terminé de ducharme, ya entrada la noche, oí el timbre de casa.
-¡Lizz, abre la puerta que me estoy secando el pelo!
No obtuve respuesta alguna, y a los dos segundos volvió a sonar el timbre.
-¡Voy, voy! Uff, qué impaciente es la gente.
Así que, con el pelo mojado dejando rastro de agua por toda la casa, bajé corriendo hasta la puerta y la abrí. 
Me quedé de piedra mientras un chico alto, con ojos verdes y con el flequillo que le ocultaba media cara me daba dos besos al mismo tiempo que se presentaba.

-Hola, supongo que tú debes ser Ana. Encantado, yo soy Luke.

Pero no me quedé de piedra por eso, sino por lo que había detrás. 





sábado, 24 de enero de 2015

CAPÍTULO 1

-¡Ana!¡Ana!¿Estás bien?-me desperté sudorosa, y abrí los ojos poco a poco, estaba sentada en mi cama, y la que me hablaba era mi hermana. “Bueno, al menos estoy en casa, sólo ha sido una pesadilla” pensé.Cuando recuperé la respiración, empecé a hablar.

-Lizz, sólo ha sido una pesadilla, no pasa nada, estoy bien.

-¿Cómo me puedes decir que esté tranquila? Llevas con esa dichosa pesadilla desde hace 4 meses, ¡no es normal!

Bueno, y esta es mi hermana Lizz, tiene 20 años y es la persona más exagerada que hayáis podido conocer. Tiende mucho a sobreprotegerme por ser lo único de la familia que le queda.

Sí, exacto. Habéis leído bien, somos las únicas de nuestra familia. Nuestros abuelos murieron, y sobre nuestros padres... yo nunca los conocí; pero mi hermana, desde que yo era pequeña, me dijo que nos abandonaron desde que nací, pero nunca me ha dicho la causa de por qué lo hicieron; así que yo misma me monto la película: me odiaban. O si no, ¿qué otro sentido tenía que abandonaran a sus hijas?

-Bueno Lizz, no te preocupes, seguro que es una mala racha que estoy teniendo. Vamos a desayunar, que eso de empezar el instituto después de las navidades no lo llevo muy bien, así que... mejor ir con energía para no dormirme en la primera hora.

Después de desayunar dos tostadas y un vaso de leche, mi hermana me llevó al instituto en coche. Cuando bajé , empezaron a gritar mi nombre y a abalanzarse sobre mí.

-¡Anaaaaaaaaaaaaaa! ¿Cuánto tiempo hace que no te veía? ¿Dos semanas? Aaah claro, porque me fui a Italia y tú te quedaste aburrida y sin hacer nada en tu casa.

-Mira que eres graciosa, Mel. 

Y sí, así de simpática es Mel, pero por muy "especial" que sea, es una de mis mejores amigas. 

-¡Ana! ya tenía ganas de verte, ¿Cómo te han ido las vacaciones?.- Me giré y vi una silueta de chica envidiosa nivel 10 ante mí. Era Karol, la envidia de todas las chicas del instituto, "osease" el objetivo de todas las miradas de los chicos.

-¡Karol! Pues la verdad es que, a pesar de estar en casa y no poder ir a ningún sitio como la mayoría de gente normal, me lo he pasado bastante bien. Lizz y yo hemos pasado las navidades con los Stuart.-Los Stuart eran nuestros vecinos, eran una pareja mayor de unos 70 años muy agradables, y eran los que nos habían cuidado desde pequeñas.

-Anda, qué bien. Siempre me han caído bien esa parejita de ancianos.-dijo Mel.

Y después de que Mel terminara de contar su "maravilloso" viaje a Italia, sonó el timbre y entramos a clase.




PRÓLOGO

<<Era de noche, estaba todo oscuro, no había ni una señal de luz que diese una pista de dónde me encontraba en ese momento.Iba andando, poco a poco, para no tropezarme, cuando de pronto se iluminó todo a causa de un rayo y di un salto. Al menos, gracias a ese pequeño susto, pude ver que me encontraba en una habitación, y lo único que pude ver en esos segundos fue un cuadro de un árbol extraño. No era un árbol normal que ves habitualmente, sino con unas ramas que formaban un dibujo. A los segundos, otro rayo iluminó la habitación, vi una figura delante de mí, me quedé paralizada, pero empecé a correr a toda velocidad, intentando no tropezar pese a la poca luz que había. Un segundo después caí de bruces al suelo, intenté levantarme pero no pude, y entonces, oí una voz.>>

SINOPSIS

Ana, una adolescente de 17 años, lleva unos meses que no para de tener la misma pesadilla: una noche, una habitación, unos truenos y un árbol con un dibujo que no termina de ver. ¿Será que intenta decirle algo?
Intentando olvidar ese extraño sueño que la persigue día tras día, decide cambiar de aires desde el momento en que recibe una carta... y es que le han dado una beca de un año en un instituto en el que podrá ver a su hermana sólo una vez a la semana, o eso creía ella...
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