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domingo, 25 de enero de 2015

CAPÍTULO 2

Estábamos en la clase de matemáticas y, desde el momento que entramos, ya estábamos haciendo la cuenta atrás para poder irnos a casa. Sólo quedaban 2 minutos, y se estaban haciendo los 2 minutos más largos de mi vida. Después de que Edu (una de las víctimas de la encantadora Karol) le enviara cada dos por tres notitas y ella pasara de su cara, sonó el timbre. 
Digamos que el profesor le dijo los ejercicios que teníamos que entregar el próximo día a las moscas, porque salimos disparados en menos que canta un gallo.
Mel, Karol y yo, salimos como cohetes por la puerta del instituto cuando, de pronto, me choqué con alguien y caí de bruces al suelo. "Menuda racha llevo con esto de caerme"- pensé.
Cuando me levanté, vi a medio instituto riéndose, y la verdad es que no les culpo. Pero, ¿Por qué siempre hay algo o alguien, en este caso, que te estropea el primer día de clase?
Sí, vale, yo soy la que estaba corriendo por el pasillo, pero a ver, que los otros tengan cuidado si ven a una que va a atropellarles. Cuando me giré, lo primero que dije fue:

-¿Pero tú no ves por dónde...?-al segundo, quise borrar lo que acababa de decir; un chico alto, moreno, con ojos violáceos y... todo lleno de tatuajes "Pero, ¿por qué tienes tan mala puntería, Ana? Siempre te pasa algo que sólo pasa en películas románticas y vas tú y te toca la oveja negra de la familia, osease el chico malo que pasa de tu cara".

-¿Perdona? Eras tú la que iba como un gato persiguiendo a su presa... a lo mejor... espera ¿era yo tu objetivo?.- Pues eso, como yo decía: el chico malo pero encantador al mismo tiempo. Como no, puso la típica cara de niño travieso que piensa que se ha salido con la suya. Y yo, como me llamo Ana Brown, no iba a decaer hasta ahí, así que mantuve mi compostura como si tuviese toda la razón del mundo.

-Ey! Espera. Tú eres el raro del instituto al no salir disparado a última hora de clase. Además, al ser mi presa, una rata según tú, deberías ir a toda leche.

-Mira, deja de entretenerme con tus tonterías, que al final perderé el autobús por tu culpa.

Y así me quedé, planchada, como una estúpida, al no saber qué decirle para defenderme. Puso la mano en mi hombro, me apartó como algo que impidiese su paso y sin decir nada más, desapareció tras la multitud.
Al seguir andando hacia la parada de coches, donde se encontraba mi hermana esperándome, me di cuenta de que mis amigas se habían ido con el autobús sin despedirse de mí, o peor aún, no sabían ni que me había caído por culpa de ese creído.
Fui hacia el coche intentando borrar la cara de enfado que llevaba, pero cuando alguien ha estado cuidándote desde pequeña y te conoce mejor que tú misma, no hace falta ni intentar esconderte. Básicamente porque te lo van a sonsacar.
 -A ver, cuéntame ¿qué tal el primer día?
La fulminé con la mirada.
-Pues nada fuera de lugar, sólo que deberían prohibir las  clases de matemáticas a última hora, cuando todo el mundo se muere de hambre.
-Ya, eso es verdad, pero no te preguntaba por las clases prohibidas de matemáticas, sino por el chico ese tan...
-No empieces Lizz.
-No me digas eso, porque a 20 metros de distancia que hay desde el coche a la puerta del instituto, se te ha visto la cara más roja que un tomate y te digo yo que no ha sido precisamente de la caída. 
" Ya empezamos con la sobreprotección".- Pensé.
-Pero si no sabía hasta hace unos 10 minutos que ese creído existía. Se ha cruzado por delante y me ha hecho caer, será estúpido.
- Y que, ¿cómo se llama?.-me miró y levanto las cejas. Esas caras de mi hermana las aborrecía.
-¡Y yo que se! No me hace falta saberlo.
-Mira que eres tonta, el destino te provoca una caída con un chico guapo y tú sin presentarte. 
Ya me estaba empezando a cabrear esa estúpida discusión, así que cambié radicalmente de tema.
-¿Qué hay de comer?.- mi hermana suspiró y finalmente dijo:
-¿Qué voy a hacer contigo...? Hoy iremos a casa de los Stuart a comer, así que no sé lo que habrá.
-¿Y eso que vamos allí?
-Me ha llamado el Señor Stuart para que vayamos porque Sofi nos quería comentar una cosa.-Sofi, era la señora Stuart.
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Cuando Sofi sacó el postre, empezó a hablar sobre un chico.
-Lizz, querida, te acuerdas de Luke?
-¿Vuestro sobrino?
-El mismo. 
-Pues la verdad es, que hace muchos años que no lo veo, ¿por qué?
-Es que me ha llamado esta mañana y me ha dicho que vendría a vernos para pasar una temporada con nosotros, pero resulta que tenemos un viaje que nos regalaron para celebrar las bodas de oro, y no lo podemos rechazar; así que quería preguntaros si puede quedarse con vosotras, no os vendrá mal, además os ayudará en lo que haga falta, es un buen chico.
-Pues, no se, Sofi. Tampoco es que lo conozcamos mucho.
-No digas tonterías, Lizz.  Mi sobrino tiene 18 años, ya no es un niño, y tiene tres dedos de frente, sabe lo que se hace.
-Bueno, vale, ¿pero será durante mucho tiempo?
-No, tranquila. Cuando gane un poco de dinero, alquilará una casa.
Y después de que mi hermana accediera a llevar a un desconocido a nuestra casa, nos fuimos.
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Cuando terminé de ducharme, ya entrada la noche, oí el timbre de casa.
-¡Lizz, abre la puerta que me estoy secando el pelo!
No obtuve respuesta alguna, y a los dos segundos volvió a sonar el timbre.
-¡Voy, voy! Uff, qué impaciente es la gente.
Así que, con el pelo mojado dejando rastro de agua por toda la casa, bajé corriendo hasta la puerta y la abrí. 
Me quedé de piedra mientras un chico alto, con ojos verdes y con el flequillo que le ocultaba media cara me daba dos besos al mismo tiempo que se presentaba.

-Hola, supongo que tú debes ser Ana. Encantado, yo soy Luke.

Pero no me quedé de piedra por eso, sino por lo que había detrás. 





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