Después de haberme despertado a causa del sueño, oí voces en el pasillo, miré la hora y eran las 4:58 de la madrugada, me levanté de la cama y me di cuenta de que Emma no estaba en su cama. Salí de la habitación, y seguí el murmullo de la gente hablando, venía de la parte de los dormitorios de los chicos.
-¡Ve a por ella, rápido!-Gritó una voz femenina, que me resultaba familiar.
Escuché como alguien corría hacia donde estaba yo en esos momentos. Iba tan rápido que se chocó conmigo al momento en el que giró la esquina. Me tambalee un poco pero el causante me cogió del brazo antes de caerme. Al levantar la cabeza, vi el rostro de mi compañera de habitación un tanto pálido y asustado.
-Ana, corre, ven. Necesitamos que vengas.-Me dijo apresurada.
-Pero, ¿Qué pasa?-Pregunté sin entender.
-Es Jack. -Al oír su nombre me temí lo peor.
Rápidamente la seguí, íbamos a la habitación de ese chico que últimamente no podía tener una conversación normal conmigo, de ese que intentaba culparle a los demás un robo que no habían realizado, de aquel que no que no me había vuelto a sacar el tema de aquel beso que significó tanto y tan poco a la vez.
Cuando entramos por la puerta, encontramos a la directora Reeve junto a los pies de la cama, a la doctora Parker colocándole unas toallas pequeñas mojadas sobre la frente a Jack, el cual estaba tumbado sobre la cama, temblando; su rostro era tan blanco como la nieve, menos unas cuantas manchas negras que se expandían cada vez más sobre su cuerpo. Lo miré asustada, ¿Qué le estaba pasando? Eso no era una reacción de gripe normal.
Di un paso atrás mientras me limpiaba las lágrimas que caían sin parar sobre mis mejillas con la manga de mi pijama.
Jack tenía los ojos cerrados, y parecía como si tuviese una guerra interior, ya que no paraba de moverse. Estaba teniendo una pesadilla.
-Otra vez no por favor, no la vuelvas a apartar de mí.¡¡¡Ana, te quiero!!!-Sus palabras me dejaron de piedra.
No podía soportar verlo así, y en mi mente así como si nada, me vino la imagen que había vivido en el sueño de hace tan solo unos minutos, era él.
Me vino una idea un poco extraña, pero, ¿Estábamos sincronizados?
La voz de la doctora me sacó de mis pensamientos.
-Ana, cariño, necesito que estés más cerca de él. Venga, ven.
-No puedo verlo así. -Me giré para irme por la puerta mientras me aguantaba el llanto, pero una mano se posó en mi hombro, era Cindy.
-Por favor, ve. Jack te necesita.-Me dijo ella con dulzura.
Sin volver a preguntarle me fui hacia él, y me senté en su cama.
-¿Qué es lo que le pasa, doctora?-Pregunté en busca de información.
-Míralo por ti misma.-Contestó.
Sin saber a que se refería centré la mirada en los ojos de Jack. Se estaba despertando, y había parado de sudar. Instintivamente lo cogí de la mano y me fijé en que las manchas negras estaban desapareciendo.
-Ana...-Dijo él con la voz rota.
Sin poder evitarlo lo abracé con todas mis fuerzas y salieron de mis ojos unas lágrimas, pero esta vez, eran de felicidad.
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