Al salir de mi habitación, me dirigí a la de Jack. En verdad, Emma tenía razón, él no era un chico problemático, debería de haberlo dejado explicarse.
Cuando llegué a su habitación toqué a la puerta, pero no obtuve respuesta. Apoyé mi espalda a la puerta, seguro que no tardaría en llegar. Pero mi mano rozó la manivela y la puerta se abrió. Se habían olvidado de cerrarla cuando salieron.
Entré y me senté en la cama de Jack, me quedé allí pensando en lo que le iba a decir cuando llegase. Me levanté, y caminé por toda la habitación, pero un destello que venía de abajo de la cama de Jack, me sacó de mis pensamientos. Cuando me acerqué no pude contener un grito.
Allí se encontraban las dos hojas que habían desaparecido del cajón.
Oí que se abría la puerta. Puse las hojas en los bolsillos de la falda de mi uniforme y me giré.
Jack estaba tan absorto en sus pensamientos, que no se había percatado de mi existencia.
-Jack.-Él dio un respingo.
-Aa... ¿Qué haces aquí?-Preguntó.
-Venía a disculparme y a pedirte que te expliques.
-Disculpas aceptadas.-Dijo con una sonrisa un poco ¿Triste?
-Vale, pero dime que pasó para golpearlo.
Él se quedó en silencio.
-Jack, sé que no le harías nada a nadie. Sería por una buena razón, ¿No?
Como no contestaba, iba a irme de la habitación hasta que dijo.
-¡Espera!
Yo me giré, y entonces me di cuenta de su rostro, se le veía cansado, y sin ninguna fuerza ya que se sentó en la cama.
-Acércate por favor.
Cuando me acerqué vi que su cara cambiaba, supongo que fue porque al menos lo iba a dejar explicarse. Me senté junto a él en la cama.
-Ana, te vi hablando con la cocinera, y no pude evitar escuchar un poco de la conversación, y te oí decir que la biblioteca estaba llena, entonces como yo llegaba tarde a hacer mi trabajo con Luna, fui corriendo.
-¿Qué tiene que ver eso con Steve?-Dije, desconfiada.
-La biblioteca estaba vacía, Ana.
Se me abrieron los ojos como platos.
-Eso no puede ser, ¿Entonces...?
-¿Él fue quien te dijo de hacer el trabajo en tu habitación, verdad?
Bajé la cabeza avergonzada.
-¿Y cuál fue tu deducción para entrar y pegarle?
-Sabes que no lo puedo ver, y cuando te oí decir que la biblioteca estaba lleno porque él te lo dijo y que ibais a la habitación, un presentimiento me vino a la cabeza, no pude evitar subir corriendo, y él estaba mirando entre los cajones de tú habitación.
-¡Esto sí que no te lo voy a consentir! -¿Como era capaz de insinuar que era Steve el que me había robado las hojas, si era él que las tenía debajo de la cama?
Me levanté enfadada, y él me miraba sin comprender. No fui capaz de hablarle sobre el beso pero antes de cerrar la puerta oí que decía.
-Ah, Ana, espero que te gustara el beso de Steve.
No entendí lo que quería decir, pero estaba tan enfadada porque me hubiese mentido que le hice caso omiso y salí de la habitación.
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