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lunes, 2 de febrero de 2015

CAPÍTULO 10

Sonó un ruido y me levanté sobresaltada. Miré hacia mi mesilla de noche y respiré aliviada, era la alarma, así que alargué el brazo y la apagué. 
Cuando me giré hacia el otro lado de la cama, me acordé de lo ocurrido anoche. Jack vino a hacerme compañía para que así pudiese dormir tranquila, y lo consiguió.
Pero él ya no estaba en la cama.
Me levanté y fui a la cocina, allí estaba Luke. Cuando me vio, mostró una de esas sonrisas cariñosas y me dijo.

-¡Buenos días! ¿Preparada para otro día de clase?

-Puff, no me lo recuerdes, anda. 

Me preparé un vaso de leche y me senté a su lado.

-¿Sabes algo de mi hermana?

-Ayer, después de oíros discutir, fui a su cuarto a buscarla, pero no me quiso abrir la puerta, y hace media hora se ha ido de casa sin decir nada.

-¡Déjala que se despeje! -Dijo Jack, entrando en la cocina.

-¡Jack!

-No, Luke. Jack tiene razón, mi hermana no para de protegerme y no debería, yo sé bien lo que me hago. No necesito su ayuda. Un tiempo fuera le vendrá bien.

Y con esas palabras dejamos de hablar de mi hermana.
Luego Luke, cortó el silencio.

-Venga va, terminar de desayunar que llegaréis tarde a clase.

Fui al baño para lavarme los dientes, después a mi habitación para coger la mochila y luego, corriendo, bajé las escaleras. Di un grito para despedirme de Luke y, cuando abrí la puerta, vi como Jack me estaba esperando subido en la moto y ofreciéndome un casco.

-Pensaba que ya te habías ido.

-¿Y dejar que vayas andando? Yo te tengo en cuenta, no como Lizz. 

-La odias, ¿eh? -Subí a la moto y dijo.

-No sabes cuánto. - Me sonrió y arrancó la moto.

Diez minutos más tarde llegamos al instituto.
Jack se fue a la clase que le tocaba y yo me fui al infierno: a la clase de matemáticas.
Por suerte, cuando llegué, aún no estaba el profesor.

Me senté junto a Mel y abrí el libro de matemáticas.

-¿Te pasa algo?-Preguntó ella.

-No, no. No pasa nada.

-Ana...

-¡Buenos días, chicos ! -Dijo alegre, demasiado alegre, el profesor.- Tengo una buena noticia para vosotros. ¡Nos vamos a una exposición de matemáticas!

La clase entera se desmoronó.

-¿Y esa es una buena noticia? -Dijo Carlos, uno de los graciosetes de la clase.

-Si para usted no es una buena noticia, señor Martínez, puede quedarse en clase haciendo los ejercicios que le voy a mandar.

-No, no se preocupe. Estaré encantado de visitar esa exposición.

Toda la clase estalló en carcajadas.

-Venga chicos, el autobús está fuera esperándonos. 

Cuando subimos al autobús, vi que Mel se había sentado con Karol. Que por cierto, antes no estaba en clase ¿Dónde se había metido? Ella no solía llegar tarde nunca.

Oí la voz de Jack en mi cabeza, me giré y lo vi dando golpecitos al asiento de su lado. Capté sus intenciones y me senté.

-¿Te han abandonado eh?

-Ellas también son amigas, pueden hacer lo que quieran. Eso es lo malo de ser impares, que siempre quedará una sola. 

-¿Y esta vez te ha tocado a ti no?

-Pues sí, y me ha tocado con el chico malo. Vaya suerte la mía. -Le di un golpe amistoso en el brazo y me reí.

-Pues tendrás que aguantar a ese chico malo en el viaje de ida y vuelta.

-Menudo reto.

Y el conductor empezó su ruta.



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