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martes, 10 de febrero de 2015

CAPÍTULO 15

Cuando llegamos, bajamos de la moto y nos dirigimos al interior de aquel hogar enorme, al que estaría viviendo durante 2 años. Por fuera, se veía que era una construcción antigua, hecha de piedra, con ventanales enormes y hiedra envolviendo algunas ventanas, y por último dos torres enormes a cada lado del Internado.

Ya estábamos dentro cuando una mujer bien arreglada y con aspecto agradable se dirigió hacia nosotros.

-Buenos días, soy Cindy Reeve, la Directora de este Internado. Vosotros debéis ser...

-Él es Jack y yo soy...

-Perdón por el retraso, yo soy Amy. -Entró corriendo por la puerta  y me interrumpió.

-Señorita Amy, creo que le voy a tener que enseñar algunas normas antes de ir a clase. Perdone, ¿Cómo se llama?-Me miró con dulzura.

-Ana, Señora Reeve.

-Podéis llamarme Cindy. Bueno, para relajaros un poco e ir acomodándoos en este lugar, os voy a dar los horarios; en la parte baja izquierda os pone el número de vuestra habitación y así podéis ir subiendo a vuestras respectivas habitaciones para dejar las maletas. Las habitaciones de las chicas están en el lado derecho y las de los chicos en el izquierdo. 

-Luego de dejar las cosas, ¿Vamos a clase?-Pregunté.

-No es necesario, los estudiantes que llegan un día lectivo, normalmente empiezan el siguiente día y así pueden arreglarse su habitación.

-Vale, muchas gracias.

Nos dirigimos los tres hacia el centro de la planta baja y vimos, una estatua. -"¡Oh, no!"-Pensé. Jack me dio un apretón en el hombro y por telepatía me dijo. -"Relajate, no pasa nada, es solo una estatua"- No me podía creer que pudiese vivir ahí dos años, bueno, ni tan solo una semana.
La estatua era como el árbol de mis sueños, pero de tres metros de altura.
No me podía creer que me estuviese pasando eso a mí.
Después de unos segundos de relajación, empecé a andar.
A cada lado de la estatua, habían dos escaleras que se juntaban en el primer piso. 
Cuando llegamos arriba, cada uno se fue hacia sus habitaciones. Miré el horario para ver el número de mi habitación, era la 714. Había un mapa, para que supiésemos donde estaba, y vi que era en el segundo piso.
Subí las escaleras y me dirigí al final del pasillo. Tenía mala suerte hasta para las habitaciones, me había tocado la del final. Entré, y la verdad es que era mejor de lo que me imaginaba. Era amplia. Las paredes eran blancas, con dos camas a cada esquina, unas mesitas de noche y dos armarios separando la habitación en dos. Luego al lado de los pies de la cama, había un escritorio blanco con un flexo y una silla.

Me encaminé a la cama de al lado de la ventana y dejé la maleta encima de la cama para ir sacándolo todo para ordenarlo.
Oí abrir la puerta y me giré. Era una chica de estatura media, con una coleta alta de pelo castaño y  ojos color miel. 

-¡Hola! soy Emma, y supongo que eres mi compañera de habitación.

Tenía una manera de ser muy agradable. Al menos habíamos empezado con buen pie. Le sonreí y contesté.

-Hola. Yo soy Ana, y bueno creo que las dos somos nuevas aquí, por lo que veo. -Emma, estaba dejando sus tres maletas encima de su cama. 

-Bueno, vamos a redecorar esto, que a mí estas paredes de color blanco me parecen sosas.

-¿Y, que vas a hacer?

Abrió una de sus maletas y me quedé flipando. Estaba llena de pinturas, papeles, cartulinas...

-Nos van a reñir cuando vean la habitación.

-Como se nota que eres sosa.

-No soy sosa, soy precavida. Y no me gustaría que me castigasen el primer día de estar aquí.

-Tranquila, ya he hablado con la directora, y deja hacer con las habitaciones lo que sea, pero solo con la condición de que antes de irnos dentro de dos años, tiene que quedarse como antes.

-¿Enserio deja hacer eso?- Entonces, caí en la cuenta de lo que Cindy me había dicho antes, que el primer día no hacía falta ir a clase, para decorar y acomodarnos en la habitación.

-¡¡Bueno, empecemos a decorar!!- Dijo entusiasmada. 





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