Pasadas unas horas, nos sentamos en las sillas para descansar y observar la maravillosa decoración del interior de nuestra habitación.
Al menos, en el caso de compañera, había tenido suerte; divertida, extravagante, aniñada y sobretodo amigable.
Nos conocíamos de unas horas y ya teníamos una buena amistad.
Mientras decorábamos, le conté todo lo que había pasado en mi casa, que mi hermana ya no estaba igual que antes, que algo en ella había cambiado, y eso había hecho que cambiara también la manera de ser conmigo. Pero, claramente, no le conté que escuchaba voces, ni lo de las pesadillas.
No me podía arriesgar a que el principio de una gran amistad se fuese por la borda solo porque pensara que yo estaba loca al escuchar voces en mi mente.
-Bueno, ¿Qué te ha parecido? -Dijo Emma cortando el silencio.
-La habitación se ha quedado perfecta, no parece para nada a la que hemos entrado hace nada.
-La verdad, es que los colores le han venido bien.
Entre Emma y yo, habíamos empapelado la pared, literalmente. Habíamos hecho de una habitación blanca, que parecía una cárcel, a una habitación que parecía sacada de un mundo fantástico, llena de colores, con algunos dibujos abstractos, y como no faltaba mucho tiempo para que llegara la primavera, entre las dos, habíamos recortado cartulinas de colores rosa pálido, violeta, rojo, blanco... en forma de flores pequeñitas, y las habíamos puesto en el cabezal de la cama.
-Demasiado bien. ¡Eh! una cosa, ya que hemos terminado con el dormitorio. ¿Por qué no vamos a ver el Internado, para ir ubicándonos poco a poco?-Propuse.
-Me parece una buena idea. ¡Vamos!
Cogimos las chaquetas y salimos al pasillo. No había nadie, ya que era hora de clase. Cuando bajamos los dos pisos y volví a ver ese árbol, me recorrió un escalofrío por toda la espalda, y no era de frío, precisamente.
-¿Te pasa algo? -Me preguntó Emma.- Te noto un poco tensa.
-¿Eh? ¡No, no! Solo ha sido un escalofrío, ya sabes, los nervios de mañana.
-Si eres nerviosa, no se que haces aquí.
¿A qué venía eso?
-¿Qué quieres decir?
-Ups... Emm... no he dicho nada, ¿Vale?
-Pero...
-Que no he dicho nada. -Me fulminó con la mirada.
-Vale, vale.
-Va, sigamos.
Una señora de la limpieza, nos dijo que dentro del Internado no podíamos estar paseando, así que nos mandó fuera.
Cuando salimos, fuimos a la parte trasera del edificio. Me quedé pasmada, era precioso, todo lleno de flores preciosas, almendros, que faltaba poco para que florecieran. Y otro edificio un poco más pequeño. Nos acercamos, para ver que era. Nada más ni nada menos que el comedor donde comeríamos. La verdad es que me esperaba algo más bonito, ya que pensaba que el comedor estaría dentro del Internado. Entonces pensé: "Y cuando llueva, ¿Cómo llegaremos hacia aquí? Bueno alguna solución habrá."
Seguimos andando, y vimos un recinto, donde habían cuadras, y alrededor del recinto, habían una serie de bancos de madera.
Emma y yo, fuimos acercándonos poco a poco, y en un banco había una pareja sentada, hablando tranquilamente.
Cuando estábamos a seis metros escasos, vi que no era una pareja cualquiera, eran Jack y Amy.
Intenté darme la vuelta y seguir por donde habíamos venido, pero se ve que Emma tenía emoción de ver a los caballos, y me cogió del brazo para que no me fuera. Cuando Amy me vio, sonrió y se giro hacia Jack y lo estrechó en sus brazos, para evitar que me viese.
"Será estúpida"-Pensé.
"Seré lo que tú quieras, bonita. Pero no voy a dejar que me ganes en esta batalla. Jack es mío." -Me contestó Amy, interviniendo en mi mente.
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