Justo al segundo de nombrar lo de Lizz, me vino a la mente todo lo que había pasado cuatro semanas atrás.
------------------------------FLASHBACK-------------------------------
Era sábado por la mañana y era la primera semana que había entrado en el internado. Me desperté un cuarto de hora antes de que sonara la alarma, así que la apagué, cogí toda la ropa para cambiarme en el baño después de darme una ducha y después de veinte minutos ya estaba más que arreglada para poder ver a mi hermana. Bajé corriendo las escaleras de la entrada y vi a mi hermana a unos diez metros de mí, observando todo el internado.
Cuando me vio, no pude contenerme, así que me lancé, literalmente, a sus brazos.
-¡Ana, cuantas ganas tenía ya de verte!
-Ha sido una semana muy larga.-Dije tristemente.
-Lo mismo digo.-Dijo cerrando los ojos y bajando la cabeza. Pero al momento, como si hubiese cambiado el chip, levantó la cabeza enérgicamente y dijo.- Supongo que aún no has desayunado, ¿No?
-Pues la verdad es que no, me he levantado tan temprano que ni el comedor estaba abierto.
-Mejor, porque vamos a hacer un pequeño picnic.
Los ojos me brillaban. Necesitaba comer mis propios desayunos, y no los que daban aquí.
-Pues vamos, me se un sitio perfecto.
La llevé hacia la parte trasera del internado, donde estaban todos los almendros a punto de florecer a causa de la primavera, envueltos de bancos de madera.
Ese sitio era precioso, me acuerdo del primer día que lo vi, fue el día que llegué al internado justo después de haber
trasformado la habitación a la manera de Emma.
Mi hermana extendió un mantel sobre la hierba y no sentamos sobre él.
Comenzó a sacar un cartón de leche, dos vasos y dos cucharas de plástico, una bolsa donde dentro había puesto un poco de cacao, después, siguió sacando unas galletas y dos magdalenas rellenas de chocolate de una mochila color negra con un sol gigante en el medio, que le había regalado yo, hacía unos dos años aproximadamente para su cumpleaños.
-¡Madre mía! Que bueno todo.- Dije con una magdalena en la boca. -Deseaba comer esto, desde el momento en que salí de casa.
Nos empezamos a reír. Mi hermana siempre me había dicho que era una glotona, que no podía pasar ni un día sin comer algo dulce, y la verdad, es que era cierto, un día sin azúcar para mí, era como si le quitaras las pilas a un juguete, dejaba de funcionar. Pensaréis que soy una exagerada, pero es que, si no me comía algo dulce todos los días me desmotivaba.
Mi hermana me miró y dijo.
-Tú misma lo estás diciendo, quieres volver a casa desde el momento en que te fuiste. Entonces, ¿Qué haces que no vuelves?
"Oh, no. Ahora no, Lizz, no arruines el momento."-Pensé.
-Lizz, ya hablamos de esto en su momento.
-¿En qué momento Ana? Solamente te lo pensaste dos días antes.
-Sí me lo hubieses dicho un año antes, como deberías haber hecho, no hubiese sido todo tan precipitado.
-Pero debes entenderme, no quiero estar sola siempre.
-Solo son dos años, Lizz. No va a ser siempre.
Lizz me miró y me dijo.
-Ya no será nunca igual, lo sabes perfectamente.
-Pero no te entiendo, encima de que me dan una be...
Y ahora, justo ahora, me vinieron a la cabeza las palabras de Jack y de Emma, ¿Cómo podía ser que...? Entonces, ¿No me habían dado una beca?
-No me dieron ninguna beca, ¿Verdad?-Dije, intentando pensar que Emma y Jack no tenían razón y que así mi hermana no me hubiese engañado, pero desgraciadamente...
-No.-Dijo secamente mi hermana.
-Entonces, ¿Por qué estoy aquí?-Pregunté intrigada.
-A ver, es que... todo esto es difícil de explicar, nunca he deseado tener esta conversación.
-¿Qué pasa Lizz? Me estás asustando.
-Estás aquí, desgraciadamente, porque este es un Internado de...
-Ángeles caídos...-Así que ella lo sabía, no podía ser.
-¡Aléjate de ella!- Dijo una voz masculina que enseguida reconocí.
Al girarnos, vi a Jack y a la directora Reeve acercándose hacia nosotras.
-Lizz, no puedes estar aquí, y lo sabes perfectamente.-Dijo la directora, fulminándola con la mirada."¿Cómo puede ser que la conozca, si ella no me acompaño siquiera el primer día?"
-Tranquila, tranquila, baja ya los humos. Ya me marcho.
Me quedé petrificada, ¿Quién era esa? ¿Y qué había hecho con mi hermana? Lizz era de hablar dulcemente, no como una cualquiera.
-Señora Reeve, perdone a mi hermana, no creo que haya querido hablarle así.-Dije, encubriendo a Lizz.
-¡Que no eres mi hermana! -Gritó de tal manera que me quedé plantada, en shock, sin saber que hacer ni como reaccionar.
Mi hermana, bueno, o lo que fuese, se fue corriendo del internado y el peso de mi cuerpo cayó de rodillas sobre el césped del patio, donde minutos antes, habíamos estado desayunando como una familia, como una de mentira.
Al momento, Jack se agachó junto a mí y me abrazó.
-Tranquila, ya ha pasado todo.
Y lo siguiente que noté, fue una lágrima recorriendo mi mejilla.
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