-Emma...
-Que si, Ana, que lo siento. Tendría que haberte hecho caso y habernos quedado en el internado. Es la enésima vez que te pido disculpas.
Sonreí al ver que Emma me daba la razón y se sentía culpable.
-Ya se que tengo razón, no hace falta que me lo digas.-Me miró con cara de querer asesinarme.-Pero no es por eso, hay algo que no me cuadra.
-Exacto, que nos acabamos de comprar unos vestidos para la fiesta, y ahora no los vamos a usar.
Empecé a reírme mientras negaba con la cabeza.
-No, no es eso.
-Y entonces, ¿Qué es?- Preguntó con intriga.
-Pues que si Steve me ha dicho de ir con el al baile para que no le dijera nada a la directora sobre nuestra huida... ¿Quién a podido ser?
-Emmm... no tengo ni la menor idea. Pero te juro que como me entere de quien haya sido, esa persona no sale viva del internado.
-No seas exagerada, anda.-Dije riéndome.
-Mira, vamos a dejar este tema, porque me pongo muy nerviosa.
Acto seguido apagué la luz.
-Buenas noches.
-Buenas noches, Ana.
Y después de eso nos quedamos dormidas. Mañana sería un largo día.
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Me despertó el gallo-despertador de Emma. Nos levantamos las dos, nos vestimos con un chandal y unas deportivas, cogimos una mochila pequeña cada una y salimos de la habitación hasta llegar al comedor donde desayunamos.
Después de media hora nos acercamos todos los de clase a la entrada del internado para que Lucas, el sustituto de Coury, nos diera a cada uno la comida y agua para pasar un día fuera del internado.
A medida que pasaba lista, íbamos subiendo al autobús, donde me senté con Emma y delante de nosotras estaban Jack junto con Ash.
El camino lo pasamos haciendo bromas y riéndonos sobre anécdotas pasadas que no habían pasado a cada uno cuando íbamos de excursión al bosque.
Cuando llegamos, nos quedamos boquiabiertos, el bosque era enorme, menos mal que no iríamos solos, y al menos tendríamos un compañero. El profesor empezó a hablar y me sacó de mis pensamientos.
-A ver chicos, tenéis que buscar por todo el bosque una serie de símbolos idénticos a los del papel que os daré ahora.
Iréis por parejas...-Emma y yo nos miramos maliciosamente, dejando claro que iríamos juntas.-...de chicos y chicas.-Mi compañera de habitación y yo nos miramos decepcionadas por no poder ir juntas.
Jack me tocó el hombro y me dijo.
-Perfecto, ¡Ya tengo compañera de búsqueda!
-En ningún momento me has preguntado.
-Da igual, no tienes a nadie más con quien ir. -Lo miré y empecé a reírme, en realidad tenía razón.
-Pero, ¿Y Emma?
-Tranquila, le he encontrado compañero.
Se giró y empezó a reírse entre dientes, al verlo, también me giré. Emma estaba con Ash, el compañero de habitación de Jack.
"Bueno, al menos le ha tocado un chico guapo"-Pensé.
Noté la mirada de Jack clavada en mi nuca y oí.
"¿Me estás llamando feo?" -Me dijo telepáticamente.
Me giré y e levanté las cejas como diciendo: Obvio.
-Mejor no contestes.-Dijo.
No pude aguantar más y empecé a reírme.
-¡Chicos, atentos! cuando empiece a anochecer los quiero a todos aquí.
Después de eso el profesor nos entregó una hoja por pareja y cada cinco minutos se adentraba una pareja al bosque.
Diez minutos después nos tocó a nosotros.
Hasta la hora de comer sólo teníamos 28 símbolos de 100.
-Jack, solo quedan seis horas para que anochezca y aún nos quedan 72 símbolos, no los vamos a encontrar todos ni de broma.
-Ana, por favor, nos seas tan negativa.
-No soy negativa, soy realista.
-Bueno, pues si no los encontramos todos no pasa nada.
Me callé y no dije nada. Luego nos adentramos un poco más en el bosque, tres horas después solo quedaban por encontrar 28. Bueno ya vamos mejorando.
Eran las seis de la tarde, y mi estómago llamaba a gritos poder alimentarse, así que después de insistir un millón de veces a Jack para que parásemos a comer, me hizo caso.
Como no sabíamos ya de que hablar, saqué el tema de mañana.
-¿Sabes que?-Le pregunté a Jack.
-Dime.
-Mañana al final no iré al baile. Bueno, ni yo ni Emma.
Se puso tenso y dijo.
-¿Y eso?
-Porque ayer nos fuimos al centro comercial para comprar el vestido y nos saltamos las clases. Alguien se lo dijo a Cindy, y ahora nos ha castigado negándonos a ir al baile de primavera.
Me levanté mientras recogíamos las cosas y seguíamos nuestro camino en busca de los dichosos símbolos.
-Si no hubieses aceptado ir al baile con Steve esto no habría pasado.
-Ya, bueno es que... ¡Espera! Yo a ti no te he contado nada de Steve. No me lo puedo creer. ¡Fuiste tú! Habría pensado en todo el Internado menos en ti.
-Ana, yo...
-¿Cuando nos viste?
-Os vi cuando salisteis de la puerta principal y os seguí. Y entonces vi que aceptabas a ir al baile con Steve, tan solo para que no dijera nada de vuestra huida. Ana, sabes perfectamente que no es trigo limpio.
-Pues no, no lo se, no se que ha hecho para que sea tan malo como decís. A mi no me ha hecho nada. Pero gracias a ti, ahora me voy a perder el baile.
-Pero...
-No sigas. Vamos, a buscar los símbolos que falten. Cuanto antes terminemos mejor.
Jack no me contestó. Seguimos el camino callados hasta que anocheció. Solo quedaba un símbolo por encontrar y la verdad, es que no las tenía todas conmigo, pero de pronto, vi un hilo fosforescente que anunciaba que allí había un símbolo, estaba a la punta de una roca que tenía más o menos tres metros de altura.
-¡Mira, Jack! Él último. -Subimos corriendo, hasta que llegamos a la punta de la roca. Noté las manos de Jack en mi cintura y dijo.
-Espera, ya voy yo, esto está muy alto y es peligroso.
-No soy una niña, se lo que me hago. Desde pequeña me gustan mucho los retos difíciles.
Seguí mi camino, sabiendo perfectamente que era el reto más difícil que había hecho en mi vida. La roca, cada vez era más estrecha, y me iba a costar lo suyo llegar hasta allí.
Cuando ya estaba a unos centímetros de coger el símbolo un murciélago pasó por delante de mí haciendo que me desequilibrara y cayese.
-¡Ana! -Oí que gritaba Jack.
Cuando pensaba que ya estaba al suelo hice un intento de abrir los ojos y vi a Jack justo delante de mi, pero... O era que estaba alucinando o ¿Lo estaba viendo flotar en el aire?
De pronto me vi a mi misma y me asusté.
Jack tenía unas alas preciosas y enormes de color negro azabache. Y yo... yo aún no me lo creía, estaba flotando, con mis alas color negro con motas grises.
-¿Qué me está pasando? ¡Estoy flotando!-Pregunté atemorizada.
Jack comenzó a reírse y dijo.
-Estas volando, Ana, no flotando. -Volvió a reírse, de modo que le pegué un empujoncito.
-¿Cómo puede ser que ahora, así por que sí, me salgan alas?
-Las alas las has tenido desde siempre, pero solo faltaba que te asustaras un poco y que notases la adrenalina, para que el ángel caído que tienes dentro saliese.
Me sonrió de lado y dijo.
-Bueno, ya ha anochecido, vamos, nos estarán esperando.
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